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Si has decidido casarte por la iglesia, es posible que estés pensando ya en las flores que irán en los bancos, los centros florales, el vestido que llevarás o incluso cómo será el recorrido hasta el altar mientras suena la marcha nupcial. Pero, ¿no te olvidas de las lectura de la ceremonia?

En una boda religiosa, las lecturas de ceremonia que leerán algunos de los invitados son una de las decisiones más importantes de este evento tan especial. En muchas ocasiones, los novios eligen a ese familiar o amigo para que forme parte de esta parte de la celebración. La elección de un buen texto, puede ser la clave para que vuestro paso por la iglesia sea todo un éxito.

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En el Evangelio hay muchos textos para elegir, pero en un momento tan lleno de amor como el día de tu boda, lo idóneo es elegir un fragmento que refleje puro amor y romanticismo. Y como sabemos que son demasiados los detalles en los que pensar, hemos hecho una selección lecturas de ceremonia que seguro encajan a la perfección.

Textos para tu ceremonia religiosa

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (12:31-13:8)

El amor es sufrido, es benigno;
el amor no tiene envidia;
el amor no es jactancioso, no se envanece,
no hace nada indebido, no busca lo suyo,
no se irrita, no guarda rencor;
no se goza de la injusticia,
sino que se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree,
todo lo espera, todo lo soporta.
El amor disculpa sin límites,
cree sin límites, espera sin límites,
aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.

Lectura del Evangelio según San Marcos (10, 6-9)

Al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre.

Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios (12, 31-13, 8ª)

Hermanos:
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino mejor.
Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden.
Ya podría tener el don de predicación y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener una fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada.
Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve.
El amor es comprensivo, el amor es servicial y no tiene envidia; el amor no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad.
Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites.
El amor no pasa nunca.

Lectura del Libro de Tobías (8, 5- 10)

La noche de su boda, Tobías se levantó y le dijo a Sara: “¡Levántate, hermana! Supliquemos al Señor, nuestro Dios, que tenga misericordia de nosotros y nos proteja”. Se levantó Sara y comenzaron a suplicar al Señor que los protegiera, diciendo: “Bendito seas, Dios de nuestros padres y bendito sea tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan los cielos y todas tus creaturas por los siglos de los siglos. Tú creaste a Adán y le diste a Eva como ayuda y apoyo, y de ambos procede todo el género humano. Tú dijiste: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacer a alguien como él, para que lo ayude’ ”.

“Ahora, Señor, si yo tomo por esposa a esta hermana mía, no es por satisfacer mis pasiones, sino por un fin honesto. Compadécete, Señor, de ella y de mí y haz que los dos juntos vivamos felices hasta la vejez”.

Lectura del Cantar de los Cantares de Salomón (Ct 2,8-10.14.16a; 8,6-7ª)

¡La voz de mi Amado!

Mirad: ya viene, saltando por los montes, brincando por las colinas; mi Amado es una gacela, es como un cervatillo.

Mirad: se ha parado detrás de una tapia; atisba por las ventanas, observa por las rejas.

Mi Amado me habla así: «levántate Amada mía, hermosa mía, ven a mí. Paloma mía que anidas en los huecos de la peña, en las grietas del barranco, déjame con tu figura».

Mi amado es para mí y yo para él. Ponme como sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque el amor es fuerte como la muerte; el celo, obstinado como el infierno. Sus saetas son saetas de fuego. Las grandes aguas no pueden apagar el amor ni los ríos arrastrarlo.

Palabra de Dios.

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan (4, 7-16)

Queridos, amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor.En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él.En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.

Lectura del Génesis (2:18,21-24)
Y Dios dijo:
“No es bueno que el hombre esté solo.
Yo haré una compañía adecuada para él”.
Entonces Dios provocó un profundo sueño al hombre
y mientras él estuvo dormido, sacó una de sus costillas
y selló el lugar con carne. Dios construyó una mujer
con la costilla que había tomado del hombre y cuando
la llevó al hombre, este dijo:
“Esta, al fin, es huesos de mis huesos
y carne de mi carne; esta será llamada ‘mujer’
porque del ‘hombre’ fue tomada”.
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre
y se unirá a su esposa y los dos se volverán un solo cuerpo.

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