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La boda de Carolina de Mónaco con Stefano Casiraghi: un amor puro con un trágico final.

La historia de amor de Carolina de Mónaco y Stefano Casiraghi comenzó, ni más ni menos, que con un divorcio. La princesa más guapa de Europa estaba casada con Philippe Junot, un hombre mayor que ella y al que la prensa le apodaba como “playboy” o “emperador de la noche”. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, Junot era hijo del presidente de Westinghouse en Francia, pero esos orígenes que relacionaban a Junot con un oficial napoleónico, fueron muy cuestionados debido a sus continuas salidas nocturnas y a las infidelidades que se produjeron después de la boda de Carolina de Mónaco.

Boda de Carolina de Mónaco

Boda de Carolina de Mónaco

La boda de Carolina de Mónaco

El 29 de junio, la pareja contrajo matrimonio antes 800 invitados. Sin embargo, el amor reinó poco y a principios de los años 80, la boda de Carolina de Mónaco era historia y su divorcio inminente. “Junot, pasados los primeros románticos ardores de su matrimonio, les facilitó a sus suegros las armas necesarias para convencer a Carolina de que había cometido un craso error casándose con el francés”, comentaba José Luis de Vilallonga en referencia a las frecuentes y notorias infidelidades por parte de Juno a Carolina de Mónaco.

Carolina de Mónaco y Junot

Carolina de Mónaco y Junot

Tres años después, en el verano de 1983, Carolina conoció a Stefano Casiraghi, un joven proveniente de una familia multimillonaria de emprendedores italiana que se dedicaban al mundo del carbón al norte del país. El flechazo entre ellos fue casi instantáneo, y la segunda boda de Carolina de Mónaco, era inminente.

Boda de Carolina de Mónaco

Boda de Carolina de Mónaco

En octubre de 1983, la segunda boda de Carolina de Mónaco se hacía realidad. Un enlace muy íntimo al que solo asistieron 30 invitados. La boda de Carolina de Mónaco y Stefano fue civil ya que la princesa no había conseguido la nulidad eclesiástica de su anterior matrimonio. La celebración de la boda de Carolina de Mónaco tuvo lugar en el salón de los espejos del Palacio de Mónaco. Carolina de Mónaco confió en Marc Bohan, en aquel entonces director creativo de la casa Dior para su gran día. Un vestido cruzado, en satén y con corte midi que la hizo brillar aquel día de octubre.

enlace Carolina de Mónaco

El 8 de junio de 1984, nacía su primer hijo tras la boda de Carolina de Mónaco, Andrea Casiraghi; el 3 de agosto de 1986, nacía su primera hija: Charlotte Casiraghi y, tan solo un año más tarde, llegaba al mundo Pierre Rainier Stéfano Casiraghi. Todos los medios señalaban que Carolina de Mónaco había encontrado a su gran amor: un hombre que le aportaba paz a su vida y en quien se podía confiar para formar una familia. De hecho, una amiga de la princesa que estuvo presente en la boda de Carolina de Mónaco describió como un hombre “con valores muy grandes y un profundo sentido de la familia”. Cualidades con las que Stefano consiguió ganarse la confianza de su suegro y su cuñado, el príncipe Rainiero y Alberto de Mónaco algo que, en aquel momento, parecía imposible.

Carolina y Stefano con sus hijos

Sin embargo, cabe señalar que, a ojos eclesiásticos, los hijos de Carolina y Stefano eran ilegítimos, al igual que la segunda boda de Carolina de Mónaco. Fue en 1993 (después de la muerte de Stefano) cuando Juan Pablo II publicó un decreto en el que la Iglesia, finalmente, consideraba “legítimos” a los niños. Fue entonces cuando se les incluyeron en la lista de sucesión al trono.

Bautizo Pierre

Bautizo Pierre Rainier Stéfano Casiraghi

Sin embargo, esta preciosa historia de amor tuvo un final trágico. El 3 de octubre de 1990, Carolina de Mónaco se encontraba en París, a 700 kilómetros de su marido que participaba en una competición de “off-shore”, un deporte náutico en el que era el campeón del mundo. En aquel día lluvioso, Stefano Casiraghi se topó con una ola a 150 kilómetros por hora en las aguas de Saint-Jean-Cap-Ferrat, en la península entre Cannes, Montecarlo y Niza. Un muro de agua que hizo levitar la embarcación y estrellarse bocabajo en un primer rebote. Pilot Innocenti, el amigo y piloto que acompañaba a Stefano, salió despedido de la embarcación, lo cual le permitió salvar su vida. Sin embargo, Stefano quedó preso en su asiento y se ahogó a medida que la embarcación descendía en las profundidades del mar. El campeonato se suspendió: no hubo campeones ni trofeos. Algo que causó mucho impacto es que, poco antes de morir, Casiraghi le contó al periodista italiano Franco Bartolini que pensaba retirarse de aquella competición: “En el momento del accidente iba muy rápido, y creo que era porque quería ganar una última vez”, contaba Bartolini.

Boda Carolina de Mónaco // Competición Stefano

Un destino que catapultó a Carolina de Mónaco. Tres días más tarde, el 6 de octubre, se celebraba el funeral de su difunto esposo en la catedral de San Nicolás, el mismo templo en el que seis años antes Carolina se había despedido de su madre. Stefano murió a los 30 años, dejando atrás a una familia descompuesta ante semejante pérdida. Carolina de Mónaco se trasladó a la Provenza francesa, donde pasaría dos años tratando de superar su pérdida.

Desde aquel entonces, todos los medios constataron que aquella princesa tan bella había perdido por completo el brillo de sus ojos. La tercera boda de Carolina de Mónaco llegó con Ernesto de Hannover, el hombre que había sido su amigo durante muchos años y con quien tuvo a su cuarta hija, Alexandra. Sin embargo, esa unión tampoco sería la definitiva. Ernesto era propenso a los excesos con la bebida y tuvo muchas situaciones poco o nada decorosas con la prensa que precipitaron el fin de su matrimonio en el año 2009 aunque, a día de hoy, los papeles del divorcio continúan sin firmarse.

Boca Carolina de Mónaco // Homenaje en barco en el lugar donde falleció Stefano

Boca Carolina de Mónaco // Homenaje en barco en el lugar donde falleció Stefano

La boda de Carolina de Mónaco con Stefano parecía sentenciar un futuro en el que la feliz reinaría en sus vidas. Sin embargo, la muerte del que es considerado el amor de su vida, propició un destino lleno de infortunios en el que, según dice,  su gran pérdida sigue ocupando su corazón.

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