Alejandro y Paula se casaron el 10 de julio de 2026 en Madrid. Una boda inolvidable en la que dos elementos acapararon todas las miradas: el deslumbrante vestido de novia, una joya firmada por el Atelier de Beatriz Álvaro, y un hilo conductor repleto de detalles gastronómicos.
Antes de convertirse en pareja, Alejandro y Paula eran muy amigos, “hasta el punto de irnos juntos a vivir a Ibiza para desarrollarnos profesionalmente compartiendo nuestra pasión por el mundo de la gestión en Hostelería”, explica la novia. Fue precisamente en Ibiza, “probablemente el último lugar en el que imaginaríamos que una relación podía llegar a estabilizarse, donde nos dimos cuenta de que estábamos enamorados y de que entre nosotros estaba pasando algo muy diferente y muy especial a todo lo que habíamos vivido antes”, recuerda Paula.
De Ibiza se fueron juntos a Londres y después volvieron a Madrid, donde, el 11 de septiembre de 2025, “Alejandro me pidió matrimonio de la manera más natural y bonita que podría haber imaginado: paseando juntos a nuestro perro por la Casa de Campo. Llevábamos ya casi nueve años juntos”. Fue el 10 de julio de 2026 cuando consolidaron definitivamente su historia de amor con un romántico “Sí, quiero”. “Tengo la suerte de poder decir que me he casado con mi mejor amigo y con la persona que más me conoce en el mundo”, concluye Paula.

Te contamos todos los detalles de su gran día.
El vestido de novia
Paula eligió el Atelier de Beatriz Álvaro para diseñar su vestido de novia. “Creo que una de las primeras cosas que hice cuando Alejandro me pidió que me casara con él fue pensar en mi vestido y en cómo íbamos a organizar todo. De repente me di cuenta de que por fin iba a hacer realidad mi sueño, que era haber encontrado al amor de mi vida y poder casarme con él”.
“Me hacía especial ilusión conseguir dar forma al vestido que llevaba tanto tiempo imaginando. Y así fue como encontré a Beatriz Álvaro. Gracias a ella y a su equipo pude comprobar que todo aquello que tenía en la cabeza podía funcionar y, además, convertirse realmente en un vestidazo”.

La experiencia a medida de Paula en el atelier de Beatriz Álvaro
“En nuestras primeras reuniones les fui contando mis ideas, lo que quería y lo que buscaba. Al principio eran conceptos un poco sueltos, pero había determinados elementos que tenía clarísimos y que para mí eran inamovibles. Entre ellos, el plisado. Quería introducir elementos que no fueran los habituales en un vestido de novia, pero sin perder la elegancia que para mí debía tener. Buscaba un diseño moderno, acorde con mi personalidad y fluido. No quería líneas excesivamente rectas, pero tampoco buscaba algo demasiado boho. Quería mantener mi estilo y, poco a poco, todas esas ideas fueron tomando forma hasta convertirse en lo que para mí acabó siendo el proyecto de mi vida”.

“Después de aquellas primeras reuniones y de trabajar sobre los bocetos, fuimos al atelier y empezamos a jugar con las telas. Y allí apareció exactamente la tela que yo llevaba todo ese tiempo dibujando en mi cabeza: un crepé satinado espectacular, con una textura y una caída increíbles”.

“Todo el proceso con ellas fue especialmente bonito. Además, tuve la suerte de que mi madre me acompañara desde el principio y de que ella también decidiera diseñar allí su vestido”.

“Las pruebas fueron, para mí, algunos de los mejores momentos de todo el proceso previo a la boda. Al final compartes momentos muy íntimos con personas que, al principio, no te conocen de nada y que, de repente, consiguen entenderte perfectamente. En mi caso tuve muchísima suerte: me captaron tan rápido y entendieron tan bien mi personalidad que hicimos match desde el primer momento. Compartí con ellas tantas partes de mí y de mi forma de ser que, cuando llegó la última prueba, hasta me daba pena pensar que ya no iba a volver a verlas prácticamente todos los meses”.

“En una de las siguientes pruebas el vestido ya empezaba a tener forma y fue entonces cuando comenzaron a surgir nuevas ideas. Se les ocurrieron las lazadas de los brazos, siguiendo un poco el concepto de las tiras que yo quería llevar en la parte del corsé y que se prolongaban hasta el final de la falda. Y también llegó la maravillosa idea del velo. Yo tenía clarísimo que quería ir velada”.

“Buscaba un velo muy delicado y transparente, sin demasiado cuerpo ni volumen y con mucha caída. Entonces se les ocurrió incorporar las cintas en la cabeza. Me encantaron desde el primer momento. Además de encajar muchísimo con el estilo del vestido, tenían un aire casi bizantino, histórico, que conectaba perfectamente con el lugar donde celebrábamos la boda. El banquete tuvo lugar en el patio de columnas de un antiguo palacete y todo tenía muchísimo sentido en conjunto”.

“Quedé maravillada con el resultado. De cada prueba salía todavía más contenta y con más ganas de verlo terminado y, sobre todo, de que lo viera Alejandro, que por aquel entonces todavía era mi futuro marido. Gracias a Beatriz y a su equipo, el vestido nunca fue un quebradero de cabeza. Me entendieron desde el primer momento y consiguieron hacerme todo tan fácil que el proceso terminó siendo una de las experiencias más bonitas de la boda”, asegura Paula.

“Si tuviera que dar un consejo a la hora de elegir tu vestido, creo que la clave está en buscar algo con lo que te sientas cómoda y, sobre todo, que sientas que te define. Puedes arriesgar, salirte de lo convencional y hacer algo diferente, pero siempre manteniendo tu esencia. Al final, creo que lo más importante es reconocerte cuando te mires al espejo. Yo me sentí la mujer más guapa del mundo gracias a Beatriz y a todo su equipo. Y, a día de hoy, sigo pensando qué excusa puedo encontrar para volver a ponerme el vestido, porque creo que nunca volveré a tener la oportunidad de llevar algo tan bonito”, concluye la novia.

Desde el atelier: el proceso de Paula a través de los ojos de la diseñadora
“Paula siempre nos ha transmitido una energía muy positiva. Vino al atelier con muchas ganas de crear con nosotras su vestido de novia”, explica Beatriz Álvaro. “El diseño que le propusimos, después de hablar con ella sobre sus ideas e ilusiones de cómo quería verse el día de su boda, le encajó desde el primer momento. Era un diseño muy original, que combinaba varios tejidos y detalles elaborados. Sin embargo, algo que agradecemos es que ella, desde el primer momento, confió en nuestra visión y trabajo”, asegura la diseñadora.

“Para el cuerpo ceñido del vestido le llamó la atención un tejido muy especial, un stropicciato satinado italiano que iba a hacer un juego de direcciones a modo de puzzle en el corpiño, para lo que tuvimos que hacer varias pruebas hasta que conseguimos que todo cuadrase a la perfección, ya que tenía muchos cortes”.

“La falda del vestido era de satén y quisimos darle un toque añadiéndole una abertura en el lateral de donde salía un tejido plisado de seda que daba mucho movimiento al conjunto. Para completar el vestido, Paula nos comentó que le haría ilusión aportarle aún más movimiento de alguna forma original. Al final, nos decantamos por añadir unas tiras de satén de varios grosores, estratégicamente posicionadas, para que al caminar se moviesen y casi la envolviesen de una forma sutil”.

“Por último, el velo. En principio iba a ser de una organza muy fina y transparente y, al probárselo en el atelier, nos encantó cómo quedaba, pero sentíamos que le faltaba algo… Fue cuando se nos ocurrió utilizar el recurso de las tiras de satén para hacer una suerte de casquette de tiras de satén al velo. Así, todo el conjunto tenía un hilo conductor y contaba la misma historia, la de Paula. No podemos estar más enamoradas del proceso con ella y del resultado”, concluye el equipo de Beatriz Álvaro.

Complementos del vestido
En cuanto al resto de los complementos, Paula eligió unos zapatos de Just-Ene y lució un ramo elaborado por Azahara Raya Studio, que se encargó también de las flores de la iglesia.


Respecto a las joyas, “Para mi look de novia buscaba la sencillez, donde lo importante fuera el vestido”, explica la novia. “Para acompañarlo solo llevaba unos pendientes de Mumit, que iban a juego con el anillo de compromiso, de la misma marca: diamantes y oro blanco de 18 kilates con un zafiro en talla oval, muy minimalista”, explica.
Maquillaje, peinado y tratamientos de belleza
Iciar Domínguez, de Studio Glam, se encargó de maquillar y peinar a la novia: “Es la hermana pequeña de una de mis mejores amigas y vino desde Sevilla para la ocasión”, explica Paula.

“Dos días antes de la boda me hice un tratamiento de maderoterapia facial en Hairmony and Beauty, en Pozuelo de Alarcón. ¡Allí las chicas son estupendas!”, asegura.
Alejandro, por su parte, lució un chaqué a medida de Pepa Chaqués, en la madrileña calle Rodriguez de San Pedro: “Un lugar clásico donde predomina el saber hacer tradicional”.
Ceremonia y celebración
Paula y Alejandro se casaron en la Parroquia Santa Maria Magdalena, en Húmera. Allí vivieron su momento más emocionante durante la entrada de la novia a la Iglesia acompañada de la canción “La Esperanza de María”, en versión de viola y piano que fue interpretada por los músicos de Laudate. Toda la iglesia estaba decorada con flores de Azahara Raya Studio.

Después de la ceremonia, los novios y sus invitados se trasladaron al Palacio de la Fresneda, en la Finca de la Granjilla (El Escorial, Madrid), donde trabaja en exclusiva el catering de Lhardy.

“Alejandro se dedica al mundo de la gastronomía y yo también estoy muy ligada a ella. Soy empresaria y gran parte de mis clientes provienen de ese sector, mientras que Alejandro es consultor de negocios especializado en restauración y trabaja desarrollando restaurantes y conceptos gastronómicos muy potentes. Así que había algunas cosas que teníamos bastante claras desde el principio. Entre ellas, el catering. Queríamos trabajar con Lhardy y plantear una boda centrada, sobre todo, en la comida y en el placer de disfrutar alrededor de una mesa. De hecho, toda la boda giró en torno a esa idea”.


“No queríamos ni siquiera ser nosotros los grandes protagonistas del día. Queríamos que lo fueran la comida, la mesa y las personas que teníamos alrededor. Nuestro objetivo era crear un ambiente en el que la gente quisiera quedarse sentada hablando, comiendo y bebiendo durante horas. Y creo que fue exactamente lo que conseguimos”, explica la novia.

“El catering fue una pasada, el servicio fue inmejorable y disfrutamos muchísimo del menú. Nuestro corner favorito fue uno bastante novedoso en Madrid, de MYO Hand Roll Bar. Sus handrolls hechos al momento fueron los verdaderos protagonistas del banquete, junto a los dos corners de carabineros y de pulpo a la parrilla y las ostras, que fueron el aperitivo perfecto gracias a Lhardy”, explica la pareja.

Servimos el famoso Cóctel de Bogavante de Desde 1911 y, como principal, lubina. Prácticamente todo giró alrededor del pescado y el marisco. El cóctel ya tenía bastante intensidad y, además, servimos dos platos en mesa, así que queríamos que el conjunto resultara ligero y equilibrado. Incluso decidimos prescindir del tradicional jamón ibérico y sustituirlo por un cortador de salmón ahumado de Pescaderías Coruñesas. Era una manera más de hacer que cada decisión tuviera sentido dentro del concepto que habíamos imaginado”.

La música del banquete fue protagonizada por Della Du, “Una cantante canaria con una voz increíble”, explican los novios. Después de comer se sirvieron Chocolates Puchero para acompañar a la copa en mesa. También hubo un saxofonista después del banquete.

Papelería nupcial
En cuanto a las invitaciones y la papelería nupcial, fueron todos diseños propios realizados por los novios. “El seating plan lo diseñamos eligiendo para cada mesa el nombre de un lugar gastronómico, restaurante o bodega, donde hemos compartido un momento y vivido una experiencia”, explican.


En el reverso de todos los meseros se podías encontrar la siguiente frase: “Cada mesa lleva el nombre de una casa que forma parte de nuestra historia: distintas gastronomías, distintos lugares, momentos que nos han marcado; no como comensales, sino como dos personas que creen que sentarse a comer bien es una de las formas más honestas de entender el mundo y de entendernos. En estos lugares hemos compartido mesas, botellas y conversaciones que van mucho más allá de la carta. Pero todos tienen en común que salimos de ellos siendo más nosotros. Hoy os invitamos a compartir esa misma mesa, a vivir emociones y momentos que merecen más la pena entre familia y amigos, en el día más especial de nuestras vidas”.

Wedding planner
“Llegó un momento, unos dos meses antes de la boda, en el que casi colapsé. Y ahí fue cuando encontré a Alejandra Ibañez Bernat, mi wedding planner, que me ayudó en toda esa parte final: cerrar proveedores, coordinar cada detalle y conseguir que el día de la boda todo saliera perfecto. Contar con ella fue una de nuestras mejores decisiones”, asegura Paula.

“Habíamos planteado una boda bastante ambiciosa porque había muchísimos detalles muy nuestros. Por ejemplo, utilizamos unas conchas como marcasitios con los nombres de cada uno de los invitados. Mi tía me las trajo de Francia y yo misma las lavé, preparé, pinté de plateado y escribí los nombres uno a uno. Y, como ese, había pequeños detalles repartidos por toda la boda. Alejandra me ayudó muchísimo a coordinarlo todo y a conseguir que el conjunto tuviera coherencia”, asegura.

“Singular Flower se ocupó de la decoración floral de la finca. Yo tenía clarísimo que quería una estética minimalista, presente desde la iglesia hasta el banquete. Los anturios blancos y las calas fueron las flores predominantes durante toda la boda, porque buscaba crear un efecto muy vertical y limpio que encajara con el resto de la estética. En las mesas, las combinamos con velas de diferentes alturas para reforzar ese juego de líneas y crear un ambiente cálido, pero sin recargar el espacio”.

“Fue, sin ninguna duda, el mejor día de nuestra vida. Volvería a repetirlo una y otra vez. Creo que fue exactamente como me lo había imaginado desde pequeña y, aun así, consiguió superar mis expectativas”, asegura Paula.
Invitadas más elegantes
Alejandro y Paula destacan la elegancia de cuatro de sus invitadas: Camino de Simón, de Lace & Beads; Almudena Aguilar con joyas de Sach Atelier; Clara Barreiro, de Vinted, “El ejemplo de que con muy poco te puedes marcar un lookazo” y Clara Alfonso, de Avec Studio.

Fotógrafo
Foto L’Equipe se encargó de inmortalizar cada momento del gran día y de realizar un fabuloso reportaje a los novios.


Luna de miel
Como colofón, “Decidimos no inclinarnos por la clásica luna de miel e irnos al OKU Hotel en la isla griega de Kos, un nuevo concepto de lujo descalzo, donde nos dedicamos a descansar, beber vino y comer comida griega”. Esperamos que fueran muy felices y que disfruten mucho de esta nueva etapa.


María escribe de moda, de decoración y de belleza. Adora las tendencias y el lifestyle y hace más fácil la vida de quienes confían en LucíaSeCasa para exhibir sus diseños, sus espacios o presentar sus servicios a los novios que planifican su boda.