Concha y Juan Carlos llevaban 13 años juntos cuando decidieron casarse. Se conocieron en la universidad, aunque la vida ya se había encargado de ponerles amigos en común durante sus años en La Salle y la Compañía de María.
No coincidieron hasta llegar a la facultad y, a partir de ahí, una bonita amistad fue dejando paso al amor. El 1 de julio de 2023 llegó el momento de celebrar todo lo vivido. Lo hicieron en la Iglesia de la Virgen del Mar y, después, en La Joya, la casa familiar de Aguamarga. Una boda de verano, en blanco y con un punto desenfadado, pensada para estar cerca de los invitados, comer bien, bailar mucho y disfrutar sin demasiados protocolos.
Y si algo quedó claro durante aquel día es que Concha y Juan Carlos no querían una boda que siguiera un manual. Querían una boda que hablara de ellos.

Una novia que tenía clarísimo lo que quería
Concha no encontró su vestido de novia en una tienda. Tampoco lo buscó demasiado. Tenía tan claro su estilo que decidió diseñarlo ella misma.
Trinidad, su modista de confianza, fue la encargada de convertir sus ideas en realidad. El resultado fue un vestido midi de tweed, un tejido que Concha considera elegante y atemporal y que, además, encajaba a la perfección con su manera de vestir.

El diseño tenía escote barco y una espalda en pico, dos detalles que la novia tenía decididos desde el principio. El largo midi no fue casualidad: Concha nunca suele llevar vestidos largos y quería que sus zapatos también tuvieran su momento de protagonismo. Pero el detalle más inesperado estaba en el mantón.


Confeccionado en el mismo tweed que el vestido y rematado con flecos de seda hechos a mano en Sevilla por Foronda, Concha lo llevó sobre un solo brazo y con una largura especialmente pensada para crear el efecto de una cola. Una forma diferente de incorporar una pieza tan nuestra al look nupcial, sin renunciar a una estética sofisticada.
Los tejidos los escogió en El Nene y completó el estilismo con una pamela, perfecta para acompañar su melena suelta y poner el broche final a un look que tenía algo muy importante: personalidad.

Para la fiesta, cambio de registro. Concha se deshizo del tweed y se puso un vestido lencero de Mango, sencillo y fresco, con escote halter y lazada en la espalda. Porque sí, el segundo look de novia también puede ser tan tú como el primero.


Joyas que no parecían de novia
La misma filosofía siguió con las joyas. Concha diseñó sus propios pendientes utilizando oro familiar y encargó su elaboración a una joyería de confianza.

Los quería grandes, pero pegados a la oreja, y sobre todo diferentes de los pendientes clásicos que suelen acompañar a las novias. No necesitaba mucho más: un colgante de oro con una pequeña cruz que forma parte de su día a día y una media caña de oro que le regaló su abuela. Piezas especiales, sí. Pero escogidas para seguir siendo ella.
Zapatos blancos y labios rojos
Los zapatos también estaban decididos desde el principio: blancos. El modelo elegido fue de Dolce & Gabbana, clásico pero con pequeños detalles que aportaban ese punto divertido que buscaba Concha.

Para el maquillaje confió en Inma Jiménez, de Julia Perfumerías, que apostó por un resultado muy natural. La excepción estaba en los labios: rojos, como los lleva habitualmente y como no podía ser de otra manera el día de su boda. El pelo tampoco necesitaba demasiadas vueltas. Concha nunca se recoge la melena, así que la llevó suelta, fiel a su estilo.

Durante los meses previos tampoco quiso someterse a tratamientos específicos. Su preparación de belleza pasó, sencillamente, por cuidar la piel con productos de calidad de Julia Perfumerías.
Un total look blanco
El blanco no se quedó en el vestido. También llegó al ramo. Concha quería un total look blanco y escogió unas grandes hortensias blancas para acompañar su estilismo. María, de Flowers, fue la encargada de crear el ramo, que encajaba a la perfección con la estética limpia, elegante y muy veraniega de la boda.

Juan Carlos: elegancia clásica
Mientras Concha apostaba por un look de novia con un punto inesperado, Juan Carlos se mantuvo en terreno clásico. Eligió un chaqué con pantalón de raya diplomática y lo completó con su moño de siempre. Una elección elegante y, sobre todo, coherente con él y su estilo.

Una entrada cargada de emoción
La ceremonia comenzó en la Iglesia de la Virgen del Mar con uno de los momentos más esperados del día: la llegada de los novios. La emoción se respiraba entre los invitados mientras Concha hacía su entrada, acompañada por su padrino, en un instante que dio paso al comienzo de una ceremonia íntima y muy especial.

Delante de ella, las damitas fueron anunciando su llegada con la naturalidad y la ternura que solo ellas saben aportar. Su presencia añadió un toque especialmente emotivo y convirtió el pasillo de la iglesia en una de las imágenes más bonitas de la jornada.


Al final del recorrido esperaba Juan Carlos, visiblemente emocionado. Tras 13 años de historia juntos, aquel encuentro resumía todo el camino recorrido hasta llegar al esperado ‘Sí, quiero’.

Dos madres, dos vestidos y una misma idea
La madre de Concha y la madrina también fueron fieles a su estilo. Ambas escogieron vestidos sencillos de corte midi, en sintonía con la novia.

Y compartían algo más: los dos diseños fueron creados por ellas mismas y confeccionados también por Trinidad.
El resultado fue una imagen familiar coordinada sin necesidad de recurrir a looks excesivamente similares. Cada una mantuvo su personalidad y, juntas, encajaron perfectamente con el espíritu de la boda.

La Joya, una casa familiar para celebrar lo importante
Después de darse el ‘Sí, quiero’ en la Iglesia de la Virgen del Mar, Concha y Juan Carlos llevaron la celebración hasta La Joya, su casa familiar en Aguamarga.
La elección tenía mucho sentido. En lugar de buscar un espacio pensado específicamente para bodas, escogieron un lugar que ya formaba parte de su historia y que podían convertir, por un día, en el escenario de una celebración completamente personal.
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Y así fue como La Joya acogió un cóctel pensado para compartir. Los novios querían evitar pasar la boda sentados en una mesa y perderse conversaciones, abrazos y momentos con sus invitados. Por eso apostaron por un formato más dinámico, en el que todo sucediera alrededor de ellos.


No hubo mesa dulce ni una sucesión interminable de protocolos. La idea era otra: comer, brindar, conversar y bailar. Además, el catering de Delfín Delicatessen puso sobre la mesa estaciones de arroces y pescadito frito, una propuesta perfecta para una celebración de verano en Aguamarga y para ese ambiente relajado que Concha y Juan Carlos querían conseguir.
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Música cubana, baile y dos canciones con historia
El verano también se coló en la banda sonora. Durante la primera parte del cóctel, un artista cubano puso música en directo y consiguió darle a la celebración ese aire desenfadado que buscaban. Después, Fran Falces se encargó de que la música no dejara de acompañar la fiesta.

Aunque, entre todas las canciones, hubo dos que tenían un significado especial. La primera fue ‘Ay Mamá’, de Rigoberta Bandini. Concha y Juan Carlos quisieron utilizarla para entregar el ramo, dividido en dos, a sus madres.

No era simplemente un momento más de la boda. Querían reconocerlas como pilares fundamentales de sus familias y rendirles un homenaje como madres y como mujeres. La canción terminó de convertir el gesto en uno de los momentos más emocionantes de la celebración. Y justo después sonó ‘Viva la Vida’, de Coldplay.


Aquí la historia se pone todavía más bonita: es la canción que sonaba cuando Juan Carlos le pidió matrimonio a Concha en Nueva York. La sorpresa ocurrió en mitad de un concierto de Coldplay y, años después, volvió a sonar frente a todos sus seres queridos. Primero llegaron las lágrimas. Después, el subidón. Una canción detrás de otra y dos recuerdos unidos para siempre a la historia de esta pareja.
Detalles hechos por ellos
Las invitaciones y los detalles para los invitados siguieron la misma filosofía personal de toda la boda: DIY. Entre los recuerdos que prepararon había pequeños botecitos de perfume y postales del Parque Natural de Cabo de Gata escritas a mano.

No hacía falta mucho más. Cuando el escenario forma parte de tu historia y los detalles están hechos pensando en las personas que tienes delante, un pequeño gesto puede convertirse en un recuerdo enorme.

La elegancia también puede ser desenfadada
Cuando Concha piensa en las invitadas más elegantes de su boda, no consigue quedarse con una sola. Además de su madre y la madrina, quiso destacar a un grupo de mujeres que apostaron por looks muy veraniegos y sencillos. Todas compartieron una misma línea: vestidos frescos, estilismos sin excesos y mucha elegancia.

Justo lo que pedía la celebración. Porque si algo tuvo esta boda fue esa mezcla tan difícil de conseguir: estaba cuidada hasta el último detalle, pero nunca parecía demasiado pensada. Era elegante sin ser rígida y especial sin dejar de sentirse natural.
Los recuerdos del gran día
María Teresa y Fran Leonardo fueron los encargados de fotografiar la boda y guardar para siempre los momentos que Concha y Juan Carlos compartieron con sus familias y amigos.

La organización corrió a cargo de los propios novios, que diseñaron una celebración completamente personal y muy pegada a su manera de entender la vida: sin grandes artificios y con mucho protagonismo para las personas que querían tener cerca.
Japón y Bali para empezar lo que viene
Después del ‘Sí, quiero’, tocaba hacer las maletas.nnEl viaje de novios llevó a Concha y Juan Carlos hasta Japón y Bali, una combinación perfecta para poner el broche a una celebración que había comenzado 13 años antes, cuando una amistad universitaria empezó a convertirse, casi sin hacer ruido, en una historia de amor.

Su boda fue exactamente como ellos querían: blanca, veraniega, elegante, divertida y llena de pequeños gestos que tenían significado.Y quizá ese sea el mejor lujo de todos cuando llega el día de tu boda: poder mirar alrededor y reconocer tu propia historia en cada rincón.

Claudia estudió Periodismo en la Universidad de Sevilla. Cree que el amor es una de las fuerzas más poderosas y disfruta contando historias que emocionan. En LSC ha encontrado el espacio ideal para combinar su pasión por la escritura con su interés por las bodas.
