Ana Salvá Olivier se casaron el 3 de mayo de 2025 en Barcelona en una fantástica celebración familiar a la que acudieron invitados de todo el mundo. Te contamos todos los detalles.
“Olivier y yo nos conocimos en Barcelona durante las fiestas de la Mercè, justo frente al que entonces era su restaurante. Él es francés y yo soy mallorquina y nuestra historia fue fruto de la más pura casualidad”, recuerda la novia. “Una amiga que hablaba francés reconoció su acento mientras él conversaba con un amigo en la puerta del local y se puso a hablar con ellos. Al cabo de un rato, se fue y nos dejó solos. Por suerte, Olivier hablaba español, así que pudimos seguir charlando. Nos caímos bien e intercambiamos los números de teléfono, aunque ni siquiera estoy segura de que me dijera su nombre. Le conté que me iba unas semanas a trabajar fuera, pero que al volver tenía pensado mudarme a Barcelona”.
“Cuando regresé, quedamos por primera vez en el Soho House. Él dejó mi nombre en recepción para que pudiera entrar, pero como yo no sabía el suyo, tuve que escribirle para preguntárselo. Desde aquella primera cita no nos hemos separado y ya han pasado siete años. Desde entonces compartimos viajes, proyectos y muchas cenas en casa, ¡nos encanta recibir! Así que diseñar nuestra boda fue un proceso muy personal y muy nuestro”, asegura.

El vestido de novia y los complementos
“Llevé un vestido hecho a medida por Inés López-Balsells, fundadora de Avec Studio, mi marca favorita. Está inspirado en un modelo azul que probé en su tienda dos años antes. Desde el probador, le mandé una foto a una amiga y le dije: ‘Si algún día me caso, le pediré a Inés que me lo haga en blanco’.

Y así fue. Le escribí por Instagram y, aunque ella no diseña vestidos de novia, sino de invitada, se volcó por completo en el proceso.

El resultado fue un diseño delicado con una preciosa capa, idea suya, que terminó siendo el toque final perfecto y probablemente lo mejor del diseño”.



“Inés también me ayudó a elegir los pendientes: unos de plata de Líe Studio, que contrastaban con el blanco vaporoso del vestido. No llevé pulseras porque el vestido tiene mangas largas y delicadas, pero sí llevé los anillos de boda de mi abuela y bisabuela en la mano derecha, nunca me los quito. En la izquierda, mi anillo de compromiso y, luego, el de bodas”.


Respecto a los zapatos, “elegí unas sandalias de ante de color nude con tiras finas, el modelo Lou 9 Siena de Flor de Asoka. Para la fiesta, me cambié a unas alpargatas blancas de Castañer, el modelo Joyce, que me permitieron bailar más cómoda”.

Tatiana Besada fue la encargada tanto del maquillaje como del peinado de la novia, que se preparó junto a su familia en la finca donde se celebró la boda.

Lució un maquillaje muy natural y un recogido sencillo que dejaba el pelo suelto con ondas marcadas.

En cuanto a las flores, todas, desde el ramo a las utilizadas para la decoración de la iglesia, el cóctel y las mesas, fueron de Passage Flowers, “una floristería de Barcelona que hace proyectos preciosos y con mucho gusto. Fueron un encanto y nos entendieron desde el primer momento. Ya habíamos visto trabajos suyos antes, así que confiábamos plenamente en que lo harían bien”, asegura Ana.


El novio
Olivier, por su parte, llevó un traje hecho a medida en Drake’s, en Savile Row.

“Es la calle más emblemática del mundo en sastrería masculina tradicional. Yo no lo sabía, pero la palabra japonesa ‘sabiro’, que significa traje formal, deriva del nombre de esta misma calle. Durante los preparativos vivíamos en Londres, así que también incorporó un pedacito de nuestra vida allí a la boda. Completó el look con una camisa de Dior y zapatos de Officine Creative”, explica la novia.


La ceremonia y la celebración
“Como muchos de nuestros invitados venían de fuera, de Tailandia, Alemania, Francia, Inglaterra, Marruecos, Dubái, etc, no queríamos verlos un solo día. Queríamos vivirlo con calma y compartir más tiempo con ellos, así que buscábamos un lugar donde recibirlos para la preboda, la boda y la postboda sin tener que movernos. Ninguna de nuestras familias es de Barcelona, así que buscamos un sitio donde estuviéramos todos cómodos y juntos. Nos parecía divertido compartir el mismo fin de semana en la finca, como una pequeña burbuja para nosotros”.

“Queríamos una finca con habitaciones para alojarlos, jardín para celebrar al aire libre y, si podía ser, vistas a la montaña. A Olivier y a mí nos encantan la naturaleza, las flores, los paisajes abiertos. Teníamos una idea bastante clara”.

“Encontramos Can Farrés casi por casualidad, mientras buscábamos fincas recién abiertas y un poco más flexibles. Cuando la visitamos fue un flechazo: grandes ventanales, luz por todas partes, una vista espectacular a Montserrat y 12 habitaciones”.

“La finca había sido la casa del padre de quien la gestiona ahora. La reformó con la idea de retirarse allí, pero al final decidieron convertirla en hotel. Ahora la lleva su hija, y se nota: se respira el espíritu familiar. Huíamos de las fincas pensadas para bodas en cadena y allí encontramos justo lo contrario”.


“La ceremonia religiosa fue en la Iglesia de Santa Eulàlia de Esparreguera, el pueblo vecino. Tuvimos la suerte de dar con una iglesia tan bonita: amplia, luminosa, y con un gran mural de cerámica en la entrada. Gustó mucho a los invitados, especialmente a los que venían de fuera”.




“Después volvimos a Can Farrés para el cóctel, con guitarra de rumba en el patio, seguido de una comida al aire libre entre flores y una fiesta al atardecer con DJ”.





“Todo sucedió allí, en la finca. Y fue exactamente como lo habíamos imaginado”, describe Ana.


“Respecto a las invitaciones para la celebración, fueron todas digitales, ya que nuestros invitados estaban repartidos por todo el mundo, y las diseñé yo”.
El momento más emotivo
“Tener a todos nuestros amigos juntos, en un mismo lugar, fue lo más bonito. Esa imagen durante la comida, verlos a todos allí, fue muy emocionante. Un momento irrepetible”, coinciden los novios.


“Dos más en la mesa se ocuparon de las fotos y supieron captar cada instante con naturalidad”


Luna de miel
“Elegimos como destino Bali, donde, además, el fin de semana siguiente se casaba el hermano de mi cuñada, que había venido a nuestra boda. Así que, además de disfrutar nuestra luna de miel, tuvimos una segunda celebración familiar”.

