Fotografía: Vitini Weddings
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El origen de lanzar el ramo de novia y su historia

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¿Sabías que lanzar el ramo era una forma de despistar a los invitados? Mucho antes de convertirse en ese momentazo que todos esperan (especialmente las solteras del grupo), lanzar el ramo era más una táctica de escape que un gesto romántico. Pero como todo en las bodas, lo simbólico se mezcla con lo mágico… y con un poquito de superstición

Después de la ceremonia, uno de los momentos más esperados, sobre todo por parte de las invitadas, es el lanzamiento del ramo de novia. Justo en este momento, la novia se pone de espaldas hacia la invitadas solteras y lanza el ramo al aire. Quien lo atrape, según marca la tradición, será la siguiente en casarse. Pero, ¿de dónde viene la tradición de lanzar el ramo de novia?

Fotografía: Pelayo Lacazette

Hoy, el bouquet vuela por los aires al ritmo de risas, móviles en alto y ojos bien abiertos. Pero detrás de esa escena tan instagrameable, hay siglos de historia, anécdotas curiosas y significados que quizá no te imaginabas. ¿Te animas a descubrir por qué lanzamos el ramo, quién empezó esta tradición y qué opciones tienen hoy las novias más originales?

El origen histórico del bouquet nupcial

Mucho antes de convertirse en uno de los grandes protagonistas del look nupcial, el ramo de novia tenía un significado muy distinto. En el antiguo Egipto y, más tarde, en Grecia y Roma, las novias sostenían pequeños ramilletes de hierbas aromáticas como tomillo, romero, laurel o distintas especias. Estas plantas no se elegían por su belleza, sino por el simbolismo que las rodeaba: se creía que actuaban como un amuleto de protección, alejando las malas energías y atrayendo la fortuna.

Con el paso de los siglos, estos ramilletes fueron evolucionando hasta dar paso a las flores, que conservaron gran parte de ese significado simbólico y añadieron un componente estético y romántico. Así nació el bouquet nupcial tal y como lo conocemos hoy, una tradición que mantiene viva esa herencia botánica ligada a la protección, la pureza, el amor y la conexión con la naturaleza.

En la Edad Media, algunas novias incluso se comían parte del ramo por sus supuestos poderes afrodisíacos… ¡Una costumbre que, por suerte, no llegó hasta nuestros días!

De los amuletos de la antigüedad al diseño

En la actualidad, el bouquet ha dejado de ser únicamente un símbolo para convertirse en una pieza clave del estilismo nupcial.

Su diseño se estudia con el mismo cuidado que el vestido o los zapatos, ya que debe armonizar con la silueta, el tejido, la paleta de colores e incluso el estilo de la boda. El tamaño, la forma y la elección de las flores son capaces de transformar por completo el resultado final. Un ramo silvestre aporta un aire desenfadado, mientras que uno estructurado transmite sofisticación y elegancia. Más allá de su belleza, el bouquet sigue representando el amor, el compromiso y el inicio de una nueva etapa, demostrando cómo una tradición con miles de años de historia ha sabido evolucionar sin perder su esencia.

El hito de la Reina Victoria en 1840

Si hay una figura que marcó un antes y un después en la historia del ramo de novia, esa fue la Reina Victoria. En 1840, durante su boda con el Príncipe Alberto, sorprendió al mundo luciendo un vestido blanco de satén y un delicado ramo de flores naturales. Aquel enlace no solo popularizó el vestido blanco como símbolo de la novia moderna, sino que también consolidó el ramo como un elemento imprescindible del estilismo nupcial.

A partir de ese momento, la influencia de la monarquía británica convirtió el bouquet en un auténtico icono de la moda nupcial. Las novias comenzaron a inspirarse en el estilo de la reina, y el ramo dejó de ser únicamente un símbolo de protección o fertilidad para convertirse en un accesorio cuidadosamente diseñado, capaz de reflejar la personalidad de quien lo lleva y de completar el estilismo de la novia. Desde entonces, el vestido de novia blanco y el ramo han evolucionado de la mano, formando un “equipo” inseparable que, casi dos siglos después, sigue formando parte del imaginario bridal.

¿Por qué se tira el ramo a las invitadas?

Aquí viene lo bueno. Aunque muchas creen que esta tradición es americana, gracias a las pelis de Hollywood, en realidad viene de mucho más atrás.

La corte francesa del siglo XIV y la liga

Una de las teorías más curiosas sobre el origen del lanzamiento del ramo nos traslada a la Francia del siglo XIV. En aquella época, existía la creencia de que conseguir un fragmento del atuendo de la novia, especialmente la liga, traía buena fortuna. Esta superstición llevaba a algunos invitados a intentar arrebatársela al finalizar la celebración, poniendo en riesgo tanto el vestido como los accesorios de la recién casada. Como respuesta comenzó a popularizarse un gesto tan sencillo como ingenioso: lanzar el ramo de novia para desviar la atención de los asistentes y proteger a la novia.

Fotografía: Gonzalo Lagares

Con el paso del tiempo, aquella maniobra de distracción evolucionó hasta convertirse en una de las tradiciones más esperadas de las bodas. Hoy el ramo se lanza simbólicamente a las invitadas solteras como deseo de buena suerte y amor, aunque también existen creencias populares que aseguran que, si el ramo cae al suelo, podría anunciar la llegada de nuevos embarazos entre las parejas ya casadas. Sea mito o tradición, lo cierto es que hoy sigue siendo uno de los momentos más divertidos.

El simbolismo espiritual y de fertilidad

Más allá de su valor decorativo, el ramo de novia sigue conservando un profundo significado en la tradición occidental contemporánea. se interpreta como una ofrenda de alegría por el inicio de una nueva etapa y un símbolo de la ilusión con la que la pareja comienza su vida en común. Para muchas parejas, también representa la devoción hacia el matrimonio, el compromiso mutuo y el deseo de construir un futuro lleno de amor, prosperidad y felicidad.

Aunque cada novia le da un significado personal, el ramo continúa siendo mucho más que un complemento floral. Es un pequeño símbolo de esperanza, unión y buenos deseos que acompaña uno de los momentos más importantes de la vida.

Alternativas modernas al lanzamiento clásico

Hoy, las bodas son tan personales como cada pareja que las celebra. Y aunque el lanzamiento del ramo sigue siendo un clásico infalible, cada vez más novias deciden reinterpretar esta tradición a su manera. 

El ramo compartido o dividido entre amigas

Una de las alternativas más originales al lanzamiento es el ramo compartido o fraccionable. A simple vista parece un ramo convencional, pero está diseñado para dividirse en varios ramilletes más pequeños.

Las tarjetas de agradecimiento son especiales
Fotografía: La Kuriosa Fotografía

En lugar de lanzarlo, la novia los reparte entre las mujeres que han sido especiales en su vida, como sus hermanas, madre, abuelas o mejores amigas. Esta tendencia convierte un momento clásico en un homenaje lleno de significado. Cada ramillete simboliza el cariño, la amistad y el agradecimiento hacia quienes han acompañado a la novia en su camino hasta el gran día.

Técnicas de preservación y arte floral

Por otro lado, cada vez más novias deciden conservar este ramo como un recuerdo para toda la vida. En lugar de dejar que las flores se marchiten, optan por diferentes técnicas de preservación que permiten mantener la belleza y el valor sentimental intacto.

Una de las opciones más populares es la deshidratación, un proceso que conserva la forma y el color de las flores de manera natural. También es habitual enmarcar el ramo o algunas de sus flores, creando una composición decorativa que puede exhibirse en casa como recuerdo del gran día. Para quienes buscan un acabado más exclusivo, existen artistas florales que encapsulan las flores en cúpulas de cristal o las transforman en piezas de resina, convirtiendo el ramo en un auténtico objeto de arte.

Conservar el ramo de novia convirtiéndolo en un cuadro
Fotografía cedida por Sempreviva

El secreto del taller: el segundo bouquet o ‘Ramo de réplica’

Cada vez más floristas especializadas en bodas recomiendan a las novias un pequeño secreto que combina tradición y practicidad: encargar una réplica menor o un segundo ramo adaptado exclusivamente para el momento del lanzamiento. De esta forma el ramo principal permanece intacto para conservarlo como recuerdo mediante técnicas de preservación. Este segundo ramo suele ser más ligero, compacto y fácil de manejar aunque mantiene la esencia del diseño original. Puede reproducir las mismas flores, colores y estilo del ramo principal o inspirarse en él como una versión más sencilla, logrando que el conjunto mantenga una estética completamente a juego durante toda la celebración.

Además de proteger una de las piezas más especiales del look nupcial, esta opción ofrece mayor tranquilidad a la novia, especialmente si tiene previsto deshidratar el ramo, enmarcarlo o convertirlo en una pieza de decoración tras la celebración. Si estás valorando esta alternativa, lo más recomendable es comentarlo con tu florista desde el inicio del proceso de diseño, ya que así podrá planificar ambos ramos de forma coordinada y conseguir que la réplica conserve la misma personalidad y encanto del ramo original.

Salomé Valverde

Salomé estudió periódismo en Madrid pero por su corazón corre sangre andaluza. Su pasión por contar historias, su afición por viajar y su amor por la moda y las bodas, la llevaron a trabajar en LuciaSeCasa, donde comparte consejos y tendencias inspirando a futuras parejas.

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