No, amiga, no te has desenamorado de tu pareja. Simplemente, has dejado de sentir mariposas y es normal. Así es como cambia el amor cuando una relación se hace estable
Al principio todo parece más intenso: te pone nerviosa cualquier mensaje, esbozas una sonrisa al teléfono sin querer, su mirada te pone nerviosa, todo te hace gracia, tienes ganas de hablar con él o de verlo a todas horas… Pero, pasado un tiempo, esa sensación empieza a cambiar. ¿Significa que ya no estáis enamorados? No necesariamente. Las famosas mariposas no desaparecen porque el amor se acabe, sino porque la relación también evoluciona.

¿Qué son exactamente las mariposas de amor?
Llamamos “mariposas” a esa mezcla de emociones que sentimos cuando conocemos a alguien. Sentimos nervios, expectación y alegría cuando nos enamoramos. Tenemos constantemente a esa persona en nuestra cabeza, en nuestro pensamiento, y queremos saber de él o de ella a todas horas. Durante los primeros meses todo es nuevo. Todo nos gusta. Estamos descubriendo cómo es esa persona, qué le gusta, cómo piensa, cómo nos mira o qué sentimos cuando estamos juntos y todo nos parece perfecto. Como diría Maluma, no encontramos fallas en su lógica.
Por eso, al principio podemos pasar horas hablando sin cansarnos, mirar el teléfono esperando un mensaje suyo o tener unas ganas enormes de volver a vernos aunque nos acabe de dejar en casa. También tendemos mucho en fijarnos en lo bueno y dejar pasar por alto aquello que no nos gusta tanto. Todavía conocemos una versión incompleta de la persona que tenemos delante y, en parte, también estamos rellenando huecos con nuestras propias expectativas. Nos queremos hacer una idea general sobre cómo es en todos los ámbitos y, a veces, podemos equivocarnos o distorsionar esa realidad.

Entonces, ¿por qué dejamos de sentir esas mariposas?
¿Por qué dejamos de sentir mariposas?
Aquí viene la parte que puede tranquilizar a más de uno: dejar de sentir mariposas no siempre significa dejar de querer a nuestra pareja. Con el tiempo, aquello que al principio era desconocido o imaginábamos, se convierte en familiar. Conocemos sus reacciones, sus gestos, sus manías, hemos vivido días buenos y no tan buenos y dejamos de sentir esa necesidad constante de estar pendientes del otro. Y aunque pueda parecer una relación menos emocionante, también tiene su parte bonita.
Ya no necesitáis un mensaje cada cinco minutos para saber que estáis ahí el uno para el otro. Ya no tenéis que preguntaros cada vez que os veis cuándo vais a volver a quedar porque vuestra relación ya se ha hecho estable. Ahora existe una seguridad que antes no había. Se pasa de la incertidumbre a la confianza. Ya no te importa estar con el pelo perfecto o recién afeitado cada vez que os veis porque os veis cada mañana al despertar con vuestras mejores galas. Y ya tampoco importa demasiado si se te queda un perejil en el diente, porque ya no es motivo de vergüenza, simplemente, os reís.

¿Cuánto dura el enamoramiento?
No existe un tiempo exacto en el que el enamoramiento desaparezca. No hay un calendario que diga que después de unos meses las mariposas han volado. Cada pareja y cada historia es diferente. En términos generales, esta primera etapa suele ser más intensa durante los primeros meses y puede prolongarse aproximadamente entre un año y medio y dos años, aunque hay relaciones en las que dura más y otras en las que cambia antes. Todo depende de cómo se lleve la relación. Si, por ejemplo, decidís iros a vivir juntos antes, ahí es cuando se ve verdaderamente cómo es una persona. Y siento decir que sí, las mariposas se pueden ir en tan solo unos días, o todo lo contrario.
Por el contrario, si hay distancia entre la pareja porque tengan trabajos en otra ciudad, las mariposas pueden durar más. La novedad, la espera y las ganas de volver a encontrarse pueden mantener durante más tiempo esa sensación de expectación.
Cuando la relación se vuelve estable
Una relación estable no es una relación en la que nunca pasa nada o aburrida. Más bien hablamos de una pareja que ya se conoce, que ha construido confianza y que comparte una historia. Y aquí aparecen cosas que no estaban al principio: organizar una casa, acompañarse en los momentos difíciles, conocer a las familias, celebrar los logros del otro o simplemente compartir un día entre semana cualquiera. No hace falta tener siempre planes que hacer, en una relación estable la pareja también se sienta en el sofá cada uno con su teléfono, salen cada uno con sus amigos y disfruta de su tiempo en soledad.

Y sí, además de todo esto, las parejas estables también tienen discusiones. Y esto es importante saber: las parejas felices también discuten. Tener una relación sana no significa estar siempre de acuerdo ni pasar por alto aquello que nos molesta. Las diferencias forman parte de cualquier convivencia. Lo que importa es cómo se afrontan, si existe respeto y si después somos capaces de hablar, reconocer nuestros errores, pedir perdón si es necesario y volver a acercarnos.
Porque una relación estable no se mide por la cantidad de discusiones, sino por la capacidad que tiene para seguir siendo un equipo después de ellas.
¿Y la chispa?
Entonces, si ya no se sienten las mismas mariposas, ¿dónde queda la chispa en esa relación estable? El amor, aunque ya esté consolidado, también necesita de atención. ¿Estar en una relación estable significa que ya no tengo que sorprender a mi pareja?
No hace falta organizar una escapada a la otra punta del mundo para devolver la chispa y las mariposas por un momento, basta con salir de la rutina, probar un restaurante nuevo o recuperar un plan que os encantaba. También cuentan los pequeños gestos. Preguntar cómo ha ido el día, interesarse por sus preocupaciones, un abrazo sin motivo, acordarse de algo que le guste si vamos al supermercado… Pequeñas cosas que demuestran que seguimos enamorados de esa persona.
Como vemos, las mariposas que un día sentimos se convierten en complicidad, deseo, admiración y tranquilidad. Si un día te das cuenta que ya no sientes esas mariposas por tu pareja, no pienses que algo va mal. Quizás ya no estés en el principio de la historia y eso no es malo.

Salomé estudió periódismo en Madrid pero por su corazón corre sangre andaluza. Su pasión por contar historias, su afición por viajar y su amor por la moda y las bodas, la llevaron a trabajar en LuciaSeCasa, donde comparte consejos y tendencias inspirando a futuras parejas.