Si estás soñando con una boda que rompa moldes, que tenga personalidad y que, además, cuente una historia de amor auténtica, ponte cómoda porque lo que vas a leer es pura fantasía noventera con aroma a neón.
Mario Vaquerizo vuelve a ser tendencia tras su paso por el programa Y ahora Sonsoles, pero esta vez no por un look imposible ni por una frase ingeniosa —que también—, sino por cómo recordó su boda con Alaska en Las Vegas. Y, créenos, es de esas historias que te hacen replantearte todo lo que sabes sobre el “sí, quiero”.
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Porque sí, fue en 1999. Sí, llevaban apenas seis meses juntos. Y sí, él iba vestido de Elvis Presley. Pero lejos de ser una excentricidad más en el universo Vaquerizo, la decisión tuvo, según sus propias palabras, “una cuestión de buen gusto”.
Casarse en Las Vegas (pero con intención)
Cuando decides unirte a la persona que amas —esa con la que, de verdad, quieres compartir la vida—, eliges un lugar que tenga significado. Para Mario, ese lugar era Las Vegas. La ciudad donde Elvis vivió sus últimos años, el templo del exceso, del espectáculo, de los sueños imposibles.
“Cuando te casas con la chica que más te gusta y con la que crees que vas a pasar el resto de tu vida —y en mi caso sigue pasando— eliges el sitio divino”, contaba con esa mezcla de ironía y romanticismo tan suya. Y aquí viene lo interesante para ti, futura novia: su boda no fue una caricatura. Fue un manifiesto.

Él, de Elvis. Ella, de Dolly
Mario alquiló su traje de Elvis en una tienda especializada. No era un disfraz improvisado: era un homenaje. A un ídolo. A una estética. A una cultura que forma parte de su ADN. Y, además —detalle nada menor—, a Alaska le encantaba verlo así. “Me veía mucho más sexy”, confesaba entre risas.
Ella, por su parte, apostó por una imagen inspirada en Dolly Parton. Excesiva, icónica, inolvidable. Juntos parecían salidos de una película de culto rodada en technicolor.
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Y tú dirás: ¿era válido el matrimonio en España? No. ¿Les importó? Tampoco. Porque en ese momento lo que importaba era el ritual, el compromiso emocional, la comunión absoluta que sintieron.
Años después, durante el reality Alaska y Mario, oficializaron su unión en España. Pero el verdadero “sí, quiero” ya había ocurrido bajo los neones de Nevada.
La capilla “más cutre” (y más perfecta)
Si esperabas mármol italiano y arreglos florales imposibles, te sorprenderá saber que buscaron deliberadamente la capilla “más cutre” que encontraron: la mítica Viva Las Vegas Wedding Chapel, en Downtown. Y aquí hay una lección maravillosa para cualquier novia: lo perfecto no siempre es lo lujoso, sino lo auténtico.
Les cantaron Always on My Mind, su canción favorita. Mario estaba nervioso en el Hotel Excalibur. Nervioso de verdad. De esos nervios que no se ensayan ni se impostan. Porque, detrás del personaje, estaba un hombre profundamente enamorado.“Fue un momento de comunión absoluta”, recordaba. ¿No es eso, al final, lo que todas buscamos en nuestra boda?
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Amor contra pronóstico
En aquel 1999 muchos no apostaban por ellos. La relación estaba rodeada de escepticismo, de comentarios, de ese runrún que persigue a las parejas mediáticas. Pero han pasado más de 25 años y siguen juntos. Convertidos en una de las parejas más queridas del espectáculo español.
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Cuando le preguntan por los rumores —que si crisis, que si divorcio— la respuesta es clara: lo que opinen los demás está de más. Las decisiones importantes se toman por convicción propia, no por validación externa. Y aquí hay otra enseñanza poderosa: tu boda no es para Instagram, ni para tus invitados, ni para cumplir expectativas ajenas. Es tuya. Vuestra.
La nostalgia como ingrediente secreto
Mario hablaba con especial emoción de la Las Vegas de finales del siglo pasado: los neones, las alfombras distintas en cada hotel, ese aire de paraíso artificial que hoy se ha transformado en una especie de parque temático de lujo estilo Kardashian.
Echa de menos aquel encanto imperfecto. Porque las bodas, como las ciudades, también cambian con el tiempo. Y quizá ahí reside la magia: en capturar un momento concreto, una versión de ti misma, un instante que no volverá.
Su boda fue exactamente eso. Un retrato fiel de quiénes eran. Sin filtros.
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¿El divorcio de Alaska y Mario Vaquerizo?
Fue en el programa El Hormiguero donde la cantante habló hace unos años sobre estos rumores. El presentador le preguntó sobre la posible separación y lo primero que hizo Alaska fue desmentir esta idea tajantemente. Después, también quiso contar cómo afectan esos rumores a la pareja en su día a día: “La primera vez que me preguntaron sobre los comentarios de divorcio, ni siquiera los había oído y los desmentimos”, aseguró Alaska a Pablo Motos. “El problema es cuando al mes siguiente te preguntan todos los días”.
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¿Qué puedes aprender tú de todo esto?
Que el buen gusto no es sinónimo de convencional. Que el glamour puede convivir con la ironía. Que una capilla kitsch puede ser más emocionante que el salón más exclusivo. Y que vestirte de Elvis —si tiene sentido para tu historia— puede ser la decisión más elegante del mundo.
Porque, al final, lo verdaderamente sofisticado es la coherencia. Mario quiso que Elvis estuviera presente en uno de los días más felices de su vida porque forma parte de su universo emocional. Y eso, más allá del brillo y del espectáculo, es profundamente romántico. Así que si estás organizando tu boda y dudas entre lo que “se espera” y lo que realmente te representa, recuerda esta historia. A veces, el mayor lujo es atreverse a ser tú. Y si eso implica neones, lentejuelas y una canción cantada en una capilla de Downtown… que así sea.

Claudia estudió Periodismo en la Universidad de Sevilla. Cree que el amor es una de las fuerzas más poderosas y disfruta contando historias que emocionan. En LSC ha encontrado el espacio ideal para combinar su pasión por la escritura con su interés por las bodas.