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Oscuro Claro

María Laura de Bélgica, nieta de Alberto II y sobrina de los reyes Felipe y Matilde de Bélgica, se ha casado este fin de semana en una doble ceremonia.

La princesa se ha casado con el empresario William Isvy el pasado sábado en dos ceremonias muy diferenciadas y llenas de simbolismo.

Así ha sido la doble boda de María Laura de Bélgica

La primera se ofició a través de una ceremonia civil en el ayuntamiento de Bruselas. En su gran día, María Laura de Bélgica demostró que una novia puede tener diferentes estilos que se solapan entre sí.

Así lo hemos podido comprobar al ver las imágenes de los novios a la salida de su ceremonia civil. En ellas, podemos ver a la recién casada lucir un minivestido de estilo años 60 firmado por Gucci. Se trata de un diseño confeccionado con candy de crepé de seda, con pliegues en la parte delantera, realzándose a través de un cinturón con cadena en tono dorado desmontable. De mangas cortas, el diseño se puede adquirir actualmente en la página web de la firma y tiene un precio de 2.600 euros.

Para desfilar por el ayuntamiento, la princesa elegía unos salones, concretamente el modelo Horsebit, también de la reconocida firma de su vestido. El tacón grueso y la puntera cuadrada volvían a acentuar el estilismo retro de la princesa. Estos tacones tienen un precio de 790 euros.

Todo cambió en la ceremonia religiosa, celebrada en la Saint Michael and St Gudula Cathedral de Bruselas. La sobrina de los reyes Felipe y Matilde quiso reflejar un estilo sobrio y clásico en su ceremonia religiosa y para ello eligió un vestido sin mangas, con escote drapeado y falda en línea “A”. El diseño fue realizado por Vivienne Westwood. “Se trata de una pieza de líneas muy sencillas, con escote inspirado en la moda del siglo XVIII y con reminiscencias a la Grecia antigua en los pliegues que adornan la forma de las cadenas. La cola mide cuatro metros de largo”, explican desde la firma.

De hecho, en las imágenes hemos podido comprobar las dimensiones de la cola. Letizia de Bélgica, su prima Olympia de Arco-Zinneberg, princesa de Napoleón Bonaparte, la princesa Astrid de Liechtenstein y Elisabetta Rosboch, su cuñada, desempeñaron un papel crucial al sostener la larga cola mientras que María Laura se encaminaba hacia el altar.

María Laura de Bélgica remataba su estilismo con uno de los complementos favoritas de las novias: el velo. Se trata de una pieza que fue confeccionada en 1877 y que pertenece a la familia Ruffo di Calabria, de la que proviene la reina consorte, Paola de Bélgica.

Bajo el impresionante velo de la novia, aparecía una espectacular tiara de volutas y flores creadas con diamantes, que perteneció a la archiduquesa Margarita de Saboya-Aosta, la abuela paterna de la novia que fallecía el pasado mes de enero.

Dos piezas de gran valor sentimental con las que la princesa quiso tener presentes a sus abuelas en un día tan especial para ella.

Entre las anécdotas protagonizadas durante el gran día, destaca una a la que ya le han apodado cariñosamente como el “momento Cenicienta” y es que, mientras los pequeños pajes subían las escaleras para acceder al templo, al sobrino de María Laura, el pequeño Maximilien, se le salió el zapatito. Enseguida su abuelo se agachó para recogerlo.

Aunque esta boda contó con numerosas caras conocidas como a Jean de Luxemburgo junto a la princesa Sybill, Olympia Arco-Zinneberg… una de las grandes ausencias ha sido la de Victoria Ortiz, la cordobesa a la que conocimos por ser la novia del príncipe Joaquín, hermano de la novia. Con esta ausencia, la ruptura de la pareja se da por sentada.

Aunque el cielo nublado y el viento recibieron a la pareja en la catedral, la lluvia no pudo interrumpir la felicidad de los recién casados saliendo por la iglesia. Una estampa llena de paraguas del mismo color y de, sobre todo, mucho amor.

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