Primer uniforme de Iberia
Hay prendas que hacen mucho más que vestir. Hablan de una época, de una forma de entender la elegancia y hasta de cómo ha cambiado nuestro lugar en el mundo.
Los uniformes de Iberia son un buen ejemplo: desde aquel primer conjunto de inspiración militar de 1946 hasta las sofisticadas prendas de Teresa Helbig, la imagen de la aerolínea ha recorrido casi ocho décadas de moda española.
Y lo ha hecho de la mano de algunos de los grandes nombres de nuestra costura: Pedro Rodríguez, Manuel Pertegaz, Elio Berhanyer, Alfredo Caral, Adolfo Domínguez y Teresa Helbig. Una historia de estilo, pero también de transformación social, funcionalidad y personalidad.
En los años cuarenta, volar todavía tenía algo de excepcional y la aviación mantenía una estrecha relación estética con el universo militar. El primer uniforme de Iberia, creado en 1946, reflejaba precisamente ese contexto: chaqueta de inspiración sahariana, falda, cinturón y sombrero, en azul marino para el invierno y blanco para el verano. La imagen buscaba transmitir disciplina, autoridad y profesionalidad, aunque pronto se introdujeron cambios para ganar comodidad.
El gran giro llegó en 1954, cuando Iberia recurrió por primera vez a un modista de alta costura: Pedro Rodríguez. Su propuesta mantuvo el azul marino, pero suavizó la estética militar con una silueta mucho más femenina, estilizada y acorde con la moda del momento. Era el comienzo de una relación extraordinaria entre aviación y diseño español.
Si los cincuenta habían puesto la elegancia en el aire, los sesenta llegaron dispuestos a subir el volumen. En 1968, Manuel Pertegaz transformó la imagen de la compañía con una propuesta mucho más moderna y colorista. El conocido “Rosa Real” rompió con el tradicional azul y convivió con prendas como la chaqueta tipo túnica, la falda recta, la capa y las botas. Para el servicio a bordo creó, además, un vestido azul turquesa con detalles de inspiración andaluza.
En 1972, el testigo pasó a Elio Berhanyer, uno de los grandes maestros de la geometría y la arquitectura aplicada a la moda. Sus uniformes jugaron con estampados, colores y piezas intercambiables, y evolucionaron durante los años setenta y ochenta. En 1977 llegó el beige tostado combinado con los colores corporativos; en 1983, el Azul Canarias, más luminoso, acompañado de grises y amarillos. El uniforme dejaba definitivamente de ser una simple indumentaria de trabajo para convertirse en una declaración de identidad.
En 1989, Alfredo Caral tomó el relevo y la practicidad pasó a ocupar un lugar protagonista. La uniformidad se hizo más funcional, con prendas intercambiables y una estética más corporativa. Uno de los cambios más significativos fue la incorporación del pantalón para parte del personal femenino, especialmente para quienes trabajaban en pista.
En 2005, Adolfo Domínguez apostó por una imagen depurada y contemporánea. El traje de chaqueta adquirió protagonismo y el vestuario femenino incorporó, por primera vez de forma generalizada, la posibilidad de elegir entre falda y pantalón. La elegancia empezaba a entenderse también desde la libertad de movimiento y las necesidades reales del personal de vuelo y de tierra.
La última gran página de esta historia la escribe Teresa Helbig. Su propuesta fue presentada en la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid en febrero de 2020 y comenzó a implantarse en 2022. Con ella llegó, además, un pequeño hito: Helbig se convirtió en la primera mujer en diseñar los uniformes de Iberia.
Su colección parte de la sastrería clásica, pero la hace más ligera, actual y versátil. Azul marino, crudo, rojo y amarillo construyen una paleta reconocible, mientras vestidos, faldas, pantalones, abrigos, chalecos y accesorios permiten vestir a los distintos perfiles de la compañía sin perder una identidad común. Y sí: también hay espacio para la comodidad, con zapatos planos y deportivas, además de prendas pensadas para distintas necesidades.
No es casualidad que estos diseños hayan terminado formando parte del discurso de la moda española. En 2026, los uniformes de Teresa Helbig han llegado al Museo del Traje de Madrid dentro de la exposición retrospectiva dedicada a sus 30 años de trayectoria. Un lugar perfecto para una historia que demuestra que la moda no siempre desfila por una pasarela: a veces también espera en una puerta de embarque.
Claudia estudió Periodismo en la Universidad de Sevilla. Cree que el amor es una de las fuerzas más poderosas y disfruta contando historias que emocionan. En LSC ha encontrado el espacio ideal para combinar su pasión por la escritura con su interés por las bodas.
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