Fotografía: Magnific https://www.magnific.com/es/foto-gratis/plano-medio-feliz-pareja-romantica_26559945.htm#fromView=search&page=1&position=29&uuid=d5c5fedb-abe7-4b05-ba41-eedee2170511&track=ais_hybrid&query=parejas+amor
Entre el glamour de Cannes y la energía de Niza existe un rincón de la Costa Azul que parece hecho para bajar el ritmo, caminar sin rumbo y enamorarse un poquito más. Se llama Antibes y reúne todo lo que le pedimos a una escapada de pareja: mar turquesa, calles con historia, arte, restaurantes con encanto y ese je ne sais quoi que solo tienen los destinos que saben ser elegantes sin presumir de ello.
Si el verano te ha sabido a poco —o, seamos sinceras, todavía no estás preparada para despedirte de él—, tenemos una propuesta. Olvida por unos días las playas más concurridas y los destinos que aparecen una y otra vez en Instagram. Entre Niza y Cannes hay una pequeña joya mediterránea que lleva siglos haciendo suspirar a artistas, escritores, aristócratas y viajeros con buen ojo.
Hablamos de Antibes, la antigua Antípolis. Una ciudad luminosa, sofisticada y sorprendentemente tranquila donde el Mediterráneo se cuela entre murallas, callejuelas empedradas y villas de película. El plan perfecto para una escapada romántica de final de verano, cuando las temperaturas siguen invitando a bañarse y la Costa Azul empieza a recuperar su ritmo más pausado.
No es casualidad que Antibes haya ejercido de musa durante décadas. Ya en el siglo XIX, las grandes fortunas descubrieron el atractivo de Cap d’Antibes y comenzaron a levantar allí sus villas frente al mar. Después llegaron los felices años veinte, Juan-les-Pins, las fiestas, el jazz y una larga lista de artistas fascinados por esta esquina de la Riviera francesa.
Hemingway, Pablo Picasso, John Dos Passos o Graham Greene pasaron por aquí. Y entendemos perfectamente el flechazo.
La mejor manera de empezar a descubrir Antibes es perderse por Vieil Antibes, su casco antiguo. Sus calles estrechas, fachadas de tonos cálidos y pequeñas plazas tienen ese aire mediterráneo que hace que cualquier paseo termine alargando el plan más de lo previsto. ¿La excusa perfecta? Llegar hasta el Marché Provençal, donde los puestos de quesos, frutas, verduras, especias y productos locales convierten la compra más cotidiana en todo un espectáculo para los sentidos.
Hay ciudades que tienen museos. Y luego está Antibes, que tiene un museo instalado en un antiguo castillo con vistas al Mediterráneo y una historia de amor —artística— detrás. El Museo Picasso ocupa el antiguo castillo Grimaldi, donde el artista malagueño trabajó durante unos meses en 1946. Allí encontró inspiración en la luz, el mar y el paisaje de Antibes, pero también en un momento especialmente feliz de su vida junto a la joven artista Françoise Gilot.
El resultado fue una etapa de enorme creatividad y una colección que hoy podemos contemplar en las salas del museo. Después de la visita, toca hacer algo mucho más sencillo: salir, caminar hasta el mar y dejar que el Mediterráneo haga el resto.
Si tu idea de una escapada romántica incluye bañador, libro y muchas horas de sobremesa, estás en el lugar correcto. Antibes cuenta con pequeñas playas de aguas cálidas y transparentes, como La Gravette, La Salis o Ponteil, perfectas para alternar paseos culturales con ratitos de dolce far niente.
Y si os apetece algo más especial, podéis poner rumbo a Cap d’Antibes, la península que se extiende al sur de la ciudad y concentra algunas de las villas más espectaculares de la Riviera.
Aquí es donde Antibes saca su lado más sofisticado. Cap d’Antibes está salpicado de pinos, mansiones y jardines exuberantes, pero lo mejor no cuesta entrada: recorrer el sendero que bordea la costa mientras el Mediterráneo se abre delante de ti. Una de las paradas imprescindibles es la capilla de la Garoupe, con sus tradicionales ofrendas de pescadores y unas vistas privilegiadas sobre la costa.
Y después, simplemente caminar. Sin agenda. Sin mirar demasiado el reloj. Porque si hay algo que hace especialmente bien Antibes es recordarte que una escapada romántica no necesita una lista interminable de planes.
Por el camino aparecerán algunas de las propiedades más exclusivas de la zona, como el Château de la Croë, antigua residencia de los duques de Windsor. Y, si quieres darte el capricho, también puedes acercarte al mítico Hôtel du Cap-Eden-Roc, uno de esos hoteles que parecen haber sido diseñados específicamente para alimentar las fantasías de una película.
Hay algo especialmente bonito en Antibes al final del día. Quizá sea la luz dorada sobre las murallas, quizá las terrazas llenándose poco a poco o quizá simplemente esa sensación de estar exactamente donde quieres estar.
Para terminar la jornada, nada como regresar al casco antiguo y dejarse llevar por sus restaurantes y pequeñas terrazas. La gastronomía mediterránea manda, con clásicos provenzales como la bouillabaisse, pescados frescos o verduras de la región. Y un consejo: deja espacio para el postre y para una última copa. Esto es la Costa Azul, después de todo.
1. Pasear por la Promenade des Artistes
Un recorrido junto al mar donde encontrarás reproducciones de obras de artistas colocadas en los mismos lugares que inspiraron sus originales. Una cita cultural, pero de las que no parecen una cita cultural.
2. Perderse por La Safranier
Este pequeño barrio del casco antiguo, con sus fachadas color miel y sus calles llenas de flores, es uno de esos lugares en los que sacar el móvil constantemente parece casi obligatorio. Aquí también paseaba Picasso.
3. Visitar el Museo de Historia y Arqueología
Para descubrir la historia de la antigua Antípolis y entender por qué esta ciudad lleva tantos siglos siendo un lugar estratégico del Mediterráneo.
4. Recorrer Cap d’Antibes
Calzado cómodo, gafas de sol y cero prisa. El sendero litoral regala algunas de las mejores vistas de la Costa Azul.
5. Escaparse a Juan-les-Pins
Playas, villas Belle Époque y el espíritu del jazz que convirtió este rincón en uno de los lugares favoritos de la élite cultural durante los años veinte.
Para una estancia con diseño contemporáneo, el La Villa Port d’Antibes & Spa es una opción perfecta por su ubicación junto al puerto deportivo y muy cerca del casco histórico.
Pero si quieres convertir la escapada en ese viaje que recordaréis durante años, el mítico Hôtel du Cap-Eden-Roc juega en otra liga. Sus habitaciones han acogido a nombres como Hemingway, los duques de Windsor o Marlene Dietrich y su historia está íntimamente ligada al glamour de la Riviera.
A veces no hace falta ir más lejos, sino mirar entre los destinos de siempre y elegir el que todavía conserva un poco de misterio.
Antibes tiene el glamour de la Costa Azul, pero sin necesidad de enseñarlo todo el tiempo. Tiene arte, historia, playas, buena mesa y paisajes que parecen hechos para compartir. Y, sobre todo, tiene ese equilibrio difícil de encontrar entre sofisticación y espontaneidad.
Así que si estás pensando en una última escapada antes de guardar el verano en el armario, apunta este nombre: Antibes. Porque quizá la mejor parte de la Costa Azul no sea la que todo el mundo conoce, sino la que descubres tú.
Claudia estudió Periodismo en la Universidad de Sevilla. Cree que el amor es una de las fuerzas más poderosas y disfruta contando historias que emocionan. En LSC ha encontrado el espacio ideal para combinar su pasión por la escritura con su interés por las bodas.
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