Fotografía: Elena Mur. Wedding Planner: Mil Luciérnagas
Con una visión tan práctica como honesta, la fundadora de Mil Luciérnagas nos explica cómo la organización rigurosa de una boda y una independencia absoluta de los proveedores son las únicas garantías para que los novios se relajen, deleguen y disfruten de su gran día sin preocupaciones.
Detrás de Mil Luciérnagas no hay una historia romántica, ni una devoción infantil por organizar bodas. Ainara G. Martín, fundadora y CEO de esta firma asturiana, ni siquiera está casada y probablemente no responda a la imagen que suele tenerse de una wedding planner. Sin embargo, cuenta con una extraordinaria visión práctica que le ha permitido ganarse la confianza de un buen número de parejas desde que decidiera fundar su empresa en 2017.
Historiadora del Arte y urbanista con más de 15 años de experiencia en planificación, organización y gestión de proyectos, descubrió su actual vocación al observar la manera en la que muchas de sus amigas afrontaban su boda, con una mezcla de ilusión y agobio. Aunque tenían claro lo que querían para su gran día, de pronto se veían obligadas a tomar un sinfín de decisiones, coordinar proveedores, ajustar presupuestos, ceñirse a plazos estrictos o solventar imprevistos sin que nadie les hubiese enseñado a hacerlo. Comprendió que organizar una boda es uno de los desafíos de gestión más complejos que puede afrontar una pareja en su vida y supo que su experiencia dirigiendo proyectos podía marcar la diferencia.
Con esa filosofía, Ainara asume personalmente la planificación y dirección general de cada enlace, acompañando a cada pareja durante todo el proceso. El día “B” cuenta con un equipo que la ayuda a coordinar sobre el terreno, para que toda la complejidad técnica quede entre bambalinas y los protagonistas solo tengan que pensar en disfrutar de la celebración. Hablamos con ella sobre las claves de su método y cómo ha revolucionado la forma de acompañar a las parejas en su camino al altar.
A menudo se habla de la boda en términos puramente estéticos. Sin embargo, el recuerdo de los novios depende mucho de cómo se sintieron. ¿Cómo se logra que una pareja viva su día desde el disfrute absoluto y no desde la tensión y los nervios?
Creo que existe una idea equivocada muy extendida: que una boda perfecta es aquella en la que todo sale exactamente como estaba previsto. Para mí, una buena boda es aquella en la que la pareja puede vivir cada momento sin estar pendiente de lo que ocurre a su alrededor.
Eso no se consigue el mismo día, sino durante los meses anteriores. Cuanto mejor está planificado todo, menos decisiones tendrán que tomar cuando llegue el momento y más libres serán para disfrutar de las personas que han querido tener a su lado.
Siempre digo que no quiero que una pareja recuerde que las flores eran preciosas o que las mesas estaban perfectamente montadas. Quiero que recuerde que pudo abrazar, reír, emocionarse y vivir ese día sin preocuparse por nada más. Porque ese es el recuerdo que permanece cuando la boda termina.
¿Qué aporta Mil Luciérnagas a los novios que confían en vosotros que no encontrarán en otros profesionales?
Nos diferenciamos en la forma en que entendemos nuestro trabajo. Para nosotros, una boda no es una suma de proveedores, sino un proyecto que necesita dirección, experiencia y una visión global para que todas las piezas encajen.
Después de cientos de bodas hemos aprendido que las mejores decisiones no siempre son las más llamativas, sino las que permiten que todo funcione con naturalidad. Esa experiencia nos permite orientar a las parejas con seguridad y anticiparnos a muchos problemas.
Además, desde que nació Mil Luciérnagas tomé una decisión muy clara: no cobrar comisiones de ningún proveedor. Esa independencia nos permite recomendar con absoluta libertad y construir cada boda pensando únicamente en lo que necesita esa pareja.
Las parejas saben que cada recomendación responde exclusivamente a su interés y está hecha con honestidad. Y esa confianza, para nosotros, vale mucho más que cualquier tendencia.
Existe una gestión invisible que sostiene el éxito de cualquier boda. ¿Cuál es la labor que realizáis desde Mil Luciérnagas para que la complejidad técnica parezca algo natural?
Creo que la mayor parte de nuestro trabajo nunca llega a verse y eso significa que lo hemos hecho bien. Una boda reúne a muchos profesionales, cada uno con sus tiempos y responsabilidades, y nuestra labor consiste en conseguir que todos funcionen como un único equipo.
Esa gestión invisible empieza muchos meses antes. Revisamos horarios, coordinamos proveedores, detectamos posibles incompatibilidades, planteamos alternativas y pensamos en situaciones que probablemente nunca llegarán a ocurrir. Esa preparación permite que, cuando llega el gran día, todo parezca sencillo.
Y, por supuesto, siempre hay imprevistos. La diferencia es que, la mayoría de las veces, la pareja ni siquiera llega a saber que han existido, porque mientras disfruta de un abrazo, una conversación o un baile, nosotros ya los hemos resuelto con discreción.
Nuestro trabajo consiste precisamente en eso: hacer que toda la complejidad quede entre bastidores para que los protagonistas solo tengan que vivir su boda.
En un sector con tanta información en redes sociales, ¿cómo ayudáis a las parejas a filtrar lo superfluo y tomar decisiones con criterio y serenidad?
Hoy las parejas tienen acceso a muchísima información: redes sociales, Pinterest, blogs, vídeos… Hay tantas ideas que, muchas veces, el verdadero problema no es la falta de inspiración, sino el exceso.
Nuestra labor consiste en poner orden en todo ese ruido. Analizamos cada propuesta y nos preguntamos si realmente aporta valor, si encaja con su forma de vivir la boda, con el espacio o con el presupuesto. Y, muchas veces, la respuesta es sencilla: no hace falta.
De hecho, hay una frase que escuchamos con bastante frecuencia entre risas: «Ya sé que me vas a decir que no, pero…». Y muchas veces aciertan. No porque nos guste decir que no, sino porque nuestro trabajo no es añadir cosas a una boda, sino ayudar a distinguir qué merece la pena y qué solo añade más coste, preocupaciones o logística sin mejorar la experiencia.
Creo que esa también es una forma de cuidar a las parejas. Decir que sí a todo es muy fácil. Lo difícil es tener la honestidad de decir que algo no es necesario cuando realmente no lo es. Al final, la mayoría descubre que una buena boda no es la que acumula más detalles, sino la que tiene sentido para quienes la viven.
En el caso de los proveedores, ¿cómo ayudáis a los novios a elegirlos?
Muchas parejas descubren proveedores a través de Instagram porque es una buena herramienta para conocer estilos y ver resultados. Pero una red social solo muestra una parte del trabajo de un profesional. Nosotros conocemos también lo que ocurre detrás: si es puntual, si cumple lo acordado, si presenta contratos claros, si se comunica bien, si sabe trabajar en equipo y, sobre todo, cómo responde cuando surge un imprevisto.
De poco sirve que un fotógrafo haga imágenes maravillosas si llega tarde, genera tensión durante el día o falla en la gestión previa. Tampoco basta con que un proveedor tenga mucha presencia en redes o sea muy conocido. Para nosotros, un buen profesional es quien, además de hacer bien su trabajo, conecta con la pareja, entiende el proyecto, se coordina con el resto del equipo y contribuye a que todo fluya con naturalidad.
La experiencia de haber compartido muchas bodas nos permite valorar aspectos que una pareja difícilmente puede conocer antes de contratar. Hemos visto cómo trabajan en situaciones reales y eso es fundamental, porque una boda no es una sesión preparada para Instagram: es un evento en directo, sin posibilidad de repetirlo.
Por eso no buscamos al proveedor más conocido ni trabajamos con una lista cerrada. Seleccionamos a quienes mejor encajan con cada pareja, con su personalidad, sus prioridades, el tipo de boda y el presupuesto.
Además, ningún proveedor puede comprar una recomendación nuestra. Eso nos permite trabajar con total libertad y elegir siempre pensando en el interés de la pareja.
Organizar una destination wedding exige un nivel de dificultad superior. ¿Cuáles son los retos de coordinar un evento cuando la pareja está a cientos de kilómetros?
Organizar una destination wedding supone un reto distinto al de una boda convencional. La pareja tiene que tomar decisiones sobre un lugar que apenas conoce, proveedores a los que nunca ha visto trabajar y sin poder desplazarse cada vez que surge una duda. Por eso la relación de confianza tiene que ser todavía más sólida.
Nuestra labor es convertirnos en sus ojos aquí. Conocemos los espacios, sabemos qué proveedores pueden encajar mejor en cada proyecto y comprobamos personalmente todo aquello que ellos no pueden supervisar desde la distancia. Además, cuando viajan a Asturias, planificamos cada visita para concentrar reuniones, pruebas y decisiones y aprovechar al máximo los pocos días de que disponen.
¿Cómo os ganáis su confianza para aportarles tranquilidad y seguridad durante meses sin contacto físico?
La confianza no se construye con una videollamada ni estando conectados a todas horas. Se gana demostrando, semana tras semana, que el proyecto avanza, que cada decisión tiene un porqué y que hay alguien pendiente de lo que ellos no pueden controlar.
También creemos que acompañar a una pareja no significa trasladarle cada pequeña gestión o incidencia. Hay muchas cuestiones que resolvemos directamente porque no necesitan convertirse en una preocupación más. Ellos deben participar en las decisiones importantes, no cargar con toda la complejidad que existe detrás.
Al final, nuestro objetivo es que, aunque estén a miles de kilómetros, sientan que su boda avanza como esperaban y puedan disfrutar del proceso con la tranquilidad de saber que alguien está cuidando de cada detalle.
Si alguien, al mirar un reportaje fotográfico de una de vuestras bodas, piensa: “Así es como me quiero sentir”, ¿qué tendría que hacer para lograrlo?
Lo primero sería no intentar reproducir esa boda. Un reportaje no debería convertirse en una lista de elementos que copiar. Esa pareja se sentía así porque la boda estaba construida alrededor de ellos, de su forma de relacionarse, de sus prioridades y de las personas con las que querían compartir ese día.
Conseguir sentirse así requiere mucho trabajo previo: tomar buenas decisiones, diseñar tiempos realistas, rodearse de un equipo profesional en el que confiar y evitar llenar la boda de elementos que solo añaden obligaciones o preocupaciones.
Y también hay que aprender a delegar. Muchas parejas quieren disfrutar, pero llegan al gran día pendientes de comprobar si todo está colocado o si los proveedores han llegado. Para vivir la boda de verdad tienen que poder soltar ese control y confiar en que hay un equipo ocupándose de todo lo demás.
Las fotografías reflejan emociones reales, pero esas emociones empiezan a construirse muchos meses antes. No nacen de una decoración concreta ni de una tendencia, sino de una organización pensada para que la pareja pueda vivir ese día como quería.
Cuando acaba la boda, ¿qué es lo que os gustaría que la pareja recordase?
Nos gustaría que recordasen cómo se sintieron. Que, por un día, pudieron olvidarse de horarios, llamadas, proveedores y listas pendientes para dedicarse únicamente a abrazar, reír, emocionarse y compartir tiempo con las personas que más quieren.
La decoración, las flores o el espacio ayudan a crear una atmósfera, pero nunca deberían convertirse en el recuerdo principal. Con el paso de los años, probablemente nadie recuerde cómo eran los centros de mesa o el color de las servilletas. Lo que permanece es la emoción con la que vivieron ese día.
Si tiempo después nos dicen que disfrutaron de principio a fin y que nunca sintieron la necesidad de preocuparse por lo que ocurría detrás, sentimos que hemos cumplido nuestro trabajo.
Al final, una boda dura unas horas, pero la forma en que la vivieron los acompaña toda la vida. Ese es el recuerdo que nos gustaría ayudarles a construir.
Después de tantos años, ¿qué es lo que sigue emocionándote de acompañar a una pareja en uno de los días más importantes de su vida?
Lo que sigue emocionándome no es que todo salga bien, eso forma parte de nuestro trabajo, sino la confianza que una pareja deposita en nosotros en un momento tan importante de su vida.
En pocos meses pasamos de ser unos desconocidos a convertirnos en las personas en quienes confían decisiones muy personales y, finalmente, el cuidado de un día que no tendrá una segunda oportunidad. Esa responsabilidad sigue imponiéndome igual que al principio.
Y hay un momento que nunca deja de emocionarme: cuando veo que dejan de mirar alrededor para comprobar si todo está en orden y empiezan simplemente a vivir su boda. Ahí entiendes que todo el trabajo previo ha cumplido su objetivo.
Después de tantas bodas, quizá ya no me sorprendan muchas de las situaciones que pueden surgir. Pero nunca deja de impresionarme el privilegio de formar parte de un recuerdo que esas personas conservarán toda su vida y saber que, de alguna manera, hemos contribuido a que lo vivan como querían.
Habéis creado un “Manual de supervivencia para novias” que nace de la práctica real. Si tuvieras que resumir el propósito del libro, ¿cómo lo harías?
El libro nació porque, después de tantos años organizando bodas, me di cuenta de que muchas novias llegaban con las mismas dudas, los mismos miedos y, en ocasiones, los mismos errores.
Hay muchísima información sobre bodas, pero no siempre ayuda. A veces provoca justo lo contrario: más confusión, más presión y la sensación de que todo es imprescindible. Yo quería contar el proceso de una forma sencilla, honesta y sin dramatismos, incluyendo también esas situaciones reales que vivimos en las bodas y que desde fuera casi nunca se ven.
No pretende decirle a nadie cómo tiene que organizar su boda ni sustituir el trabajo de una wedding planner. Su propósito es ayudar a comprender mejor el proceso, saber qué merece atención de verdad y afrontar cada decisión con más perspectiva.
En el fondo, es el libro que me gustaría poder entregar a cada novia al comenzar la organización: una forma de acompañarla cuando está muy ilusionada, pero también un poco perdida, y recordarle que no todo es urgente, no todo es imprescindible y todo puede ser bastante más manejable de lo que parece.
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Mil Luciérnagas
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Teléfono y whatsapp: 685349141
María escribe de moda, de decoración y de belleza. Adora las tendencias y el lifestyle y hace más fácil la vida de quienes confían en LucíaSeCasa para exhibir sus diseños, sus espacios o presentar sus servicios a los novios que planifican su boda.
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