Catering y Banquete

Las tartas de boda: ¿quién las trajo a España y por qué se convirtieron en el postre por excelencia?

¿Sabes de dónde vienen las tartas de boda? El postre con siglos de historia que ha terminado convirtiéndose en el dulce de cada “sí, quiero”

Aunque muchas parejas ya prescinden de tarta y prefieren ofrecer a sus invitados otros postres, como la tarta Dubai, muy de moda estos últimos años, para muchos la tarta nupcial sigue siendo un imprescindible. Ese instante en el que los novios cortan el pastel, rodeados de flashes, con una canción romántica y aplausos, es todo un clásico. Pero lo curioso es que esta escena, tan integrada en nuestra cultura, no siempre ha formado parte de las celebraciones españolas. De hecho, la tarta nupcial es una tradición importada y muy reciente en nuestro país.

Fotografía: Franco Gribodo y The Ivory Roses

Para entender por qué este postre se ha convertido en un emblema dulce de las bodas, hay que retroceder mucho siglos y viajar hasta la Antigua Roma.

Orígenes romanos

Al igual que el anillo de compromiso, la tarta de boda también nace en Roma, aunque algo distinta a como la conocemos hoy. La tradición consistía en romper una torta de trigo sobre la cabeza de la novia. Más que un postre, ers un ritual simbólico. Las migas representaban fertilidad, prosperidad y buen augurio para la pareja.

Después, los invitados recogían esas migas y las compartían. Era una forma de “participar” en la unión, de llevarse un pedazo de buena suerte y la bendición del matrimonio. Este gesto, que hoy puede parecernos casi teatral, sentó las bases de una tradición que ha evolucionado hasta conocerla como la conocemos hoy.

Nacimiento del pastel nupcial

Para encontrar el origen de la tarta de boda tal y como la conocemos, tenemos que desplazarnos a Reino Unido. Allí, entre los siglos XVII y XVIII, las bodas ya incluían dulces especiales. Los invitados llevaban pequeñas tortas que se apilaban formando una torre. Si los novios lograban besarse sin que la torre se derrumbara, significaba buena suerte. El gesto era romántico y arriesgado y así nació el pastel de pisos.

Fotografía: Ángel Fotografía

El gran impulso llegó en 1840, con la boda de la reina Victoria y el príncipe Alberto. La novia ofreció una tarta de boda espectacular. Era blanca, alta y estaba muy bien decorada con ingredientes que simbolizaban pureza y estatus. Así nació el concepto de tarta de boda. Un pastel que no solo se comía sino que también debía ser bonito para que todos los invitados lo admiraran. Además, se asociaba a elegancia y prosperidad.

En 1906 la tarta nupcial llegó a España con la boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg. Ese día, los Reyes llegaron al Palacio Real, donde les esperaba un gran banquete que incluía una gran novedad para nuestro país: una tarta de boda llegada directamente desde Inglaterra. Este tremendo pastel medía casi dos metros y pesaba unos 300 kilos. Era también blanca, victoriana y muy elaborada y era la primera vez que se veía algo así en España. A partir de este momento, las tartas siempre serían uno de los momentos más esperados en las bodas.

Fotografía: Anna Vilaclara

De las bodas reales a las bodas populares

En los años posteriores, las tartas nupciales dejaron de ser exclusivas de la realeza y de los banquetes aristocráticos. A medida que la repostería evolucionaba, los ingredientes se abarataron y cada vez más parejas incorporaron este dulce a su celebración. Lo que había empezado como un gesto ritual romano y un símbolo de estatus británico se transformó en unas costumbre universal.

Eso sí, aunque la forma haya cambiado, el significado es el mismo. La tarta sigue representando la unión de la pareja, que comparte el primer corte; la prosperidad, heredada de aquellos rituales romanos; la dulzura del inicio de una nueva vida y la celebración colectiva.

Fotografía: Boda y Arte

La tarta es uno de esos elementos que mantienen viva la esencia de las tradiciones, aunque año tras año veamos nuevas tendencias en las tartas. Atrás ha quedado la clásica tarta de fondant, ahora se apuesta por tartas desnudas, las llamadas naked cake, con toques de color, detalles florales y sabores inesperados. Su estética sencilla, romántica y artesanal las ha convertido en las favoritas de quienes buscan bodas más íntimas. Hoy la tarta nupcial no es solo un postre, es capaz de contar la historia de los novios y, por supuesto, de desear un futuro próspero y feliz.

Salomé estudió periódismo en Madrid pero por su corazón corre sangre andaluza. Su pasión por contar historias, su afición por viajar y su amor por la moda y las bodas, la llevaron a trabajar en LuciaSeCasa, donde comparte consejos y tendencias inspirando a futuras parejas.

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Publicado por
Salomé Valverde

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