¿Qué dice de nosotras la forma en la que vestimos? ¿Cuánto influye la edad, el cuerpo o lo que la sociedad espera de nosotras a la hora de elegir qué ponernos? Y, sobre todo, ¿qué ocurre cuando dejamos de vestir para encajar y empezamos a hacerlo para sentirnos realmente nosotras mismas?
Estas son algunas de las cuestiones que aborda Maialen Fernández de Arroiabe, estilista, modelo y autora de EstilosaMente, un libro que propone mirar el estilo desde un lugar mucho más profundo que las tendencias o las prendas que tenemos en el armario. Porque tener estilo no consiste únicamente en saber combinar colores, conocer las tendencias o acertar con aquello que “favorece”: también tiene que ver con conocernos, aceptarnos y encontrar una manera de expresar quiénes somos a través de nuestra imagen.
Esta reflexión es especialmente interesante cuando hablamos de bodas: el vestido de novia es, probablemente, una de las prendas que más expectativas, emociones y presión concentra. Queremos sentirnos especiales, vernos favorecidas y reconocernos frente al espejo, pero también es fácil caer en el “¿qué debería llevar?”, “¿me quedará bien?” o “¿es apropiado para mi edad o mi cuerpo?”.
En EstilosaMente, Maialen invita a cuestionar muchas de esas reglas y a recuperar una relación más libre y consciente con nuestra imagen. Una filosofía que también puede aplicarse a la novia: no se trata tanto de convertirse en la versión perfecta de una misma para el gran día, sino de encontrar la versión que mejor representa quién eres y cómo quieres sentirte.
Hablamos con ella sobre estilo, autoestima, edad, cuerpo, tendencias y, por supuesto, sobre cómo trasladar toda esta filosofía al universo nupcial.
¿En qué momento sentiste que había llegado el momento de escribir EstilosaMente y qué necesidad personal o profesional había detrás del libro?
Todo empezó cuando me acerqué a los 40 y empecé a notar cómo, conforme envejecemos, cambia la mirada de los demás sobre nosotras. Para mí fue un impacto, porque empecé a percibir con más claridad muchas de las expectativas y prejuicios que existen alrededor de la edad y de la imagen de las mujeres.
Desde esa sensación de injusticia e incomprensión empecé a escribir las primeras palabras que después darían forma a EstilosaMente, porque sentí que era algo que tenía que compartir con otras mujeres.
El título habla de ser “estilosa” y, al mismo tiempo, de hacerlo “con mente”. ¿Por qué era importante para ti unir estilo y autoconocimiento?
Yo pienso que en realidad nunca han estado separados porque van de la mano.
El estilo nace de dentro hacia fuera, y para mí es como una receta en la que la ropa es solo uno de los ingredientes, porque también cuenta quiénes somos, nuestras vivencias y cómo nos sentimos con nosotras mismas. Y ahí es donde entra la mente.
Por eso considero que el autoconocimiento es tan importante, porque cuanto mejor nos conocemos, más fácil es que nuestro estilo sea una expresión fiel de quiénes somos.
Solemos pensar que tener estilo consiste en saber combinar prendas. ¿Qué significa realmente tener estilo para ti?
El estilo va mucho más allá de saber combinar prendas, porque habla de quién eres. Tus looks, pero también tu manera de moverte, de hablar, de sonreír o de relacionarte con los demás transmiten tu estilo.
Para mí, es una mezcla de autenticidad, actitud y apariencia. Por eso creo que puedes vestir siguiendo todas las tendencias y, sin embargo, no tener estilo propio si lo que llevas no tiene nada que ver contigo.
En el libro planteas que la clave del estilo está en ser una misma. ¿Por qué nos cuesta tanto vestirnos desde quiénes somos y no desde cómo creemos que deberíamos ser?
Por miedo. Nos cuesta mucho no encajar en lo que se espera de nosotras, y eso también se refleja en nuestra manera de vestir.
Nos han enseñado, en mayor o menor medida, a buscar aprobación y a no salir demasiado de la norma, y terminamos interiorizando muchas de esas expectativas. Por eso, una de mis metas con EstilosaMente es animar a las mujeres a vestirse como se sienten, sin limitarse por su edad o por el qué dirán.
¿Cuánto hay de autoestima en nuestra manera de vestir?
Muchísimo. Si te sientes a gusto y en paz contigo misma, te muestras con mayor naturalidad y eliges lo que quieres ponerte en cada momento desde esa sintonía. Y eso se transmite.
Pero también existen prendas que nos dan seguridad y sensación de arropo y que, en esos días en los que no nos sentimos tan bien, pueden ayudarnos a encontrarnos mejor. Es lo que en moda se conoce como dopamine dressing, y se basa en utilizar el color o incluso las texturas para influir en nuestras emociones.
No creo que una prenda pueda solucionar nuestro estado de ánimo, pero sí puede acompañarnos y reforzar una determinada actitud.
¿El estilo se tiene o se aprende? ¿Puede una mujer que siente que nunca ha tenido estilo descubrirlo a los 40, 50 o 60 años?
Para mí, el estilo se tiene y se desarrolla, más que se aprende. Todas tenemos una forma de expresarnos y de relacionarnos con nuestra imagen, pero a veces necesitamos conocernos mejor para conectar con nuestro propio estilo.
Y creo firmemente que una mujer puede descubrirlo a los 40, a los 50 o a los 60. De hecho, con los años podemos tener algo muy valioso que son las experiencias y el criterio para saber qué nos representa. Lo más importante es entender que el estilo no tiene fecha de caducidad.
Una boda es uno de esos momentos en los que una mujer se siente especialmente observada y fotografiada. ¿Cómo podemos conseguir que la búsqueda del “look perfecto” no se convierta en una fuente de inseguridad?
Para que una mujer se sienta segura, lo más importante es que el estilismo la represente y que se reconozca en el look elegido. También es fundamental priorizar la comodidad. De esta manera, podrá mostrarse relajada y disfrutar de la celebración sin estar pendiente de las costuras, del peinado o del dolor de pies.
Cuando estamos incómodas o no es fiel a nosotras lo que llevamos, es más fácil que nuestra atención se desvíe hacia cómo salimos en las fotos o lo que puedan estar pensando los demás. Por eso, más que buscar el look perfecto, buscaría aquel con el que podamos sentirnos nosotras mismas.
¿Qué recomendarías a una novia que se encuentra atrapada entre “lo que le favorece”, “lo que se lleva” y “lo que siempre había imaginado para su boda”?
Le aconsejaría que empezara por lo más básico, por comprenderse y preguntarse qué quiere expresar y cómo quiere sentirse ese día, sin dejarse llevar sólo por lo que se lleva o por lo que siempre había imaginado.
Una vez tenga claro eso, le animaría a investigar qué formas, tejidos o cortes pueden favorecer su silueta y acompañar sus movimientos, pero para que los utilice como herramientas, no como normas. Al final, creo que la clave está en que el vestido se adapte a ti, y no tú al vestido.
¿Debería una novia elegir su vestido pensando en cómo quiere verse o en cómo quiere sentirse?
No creo que haya que renunciar a ninguno de los dos, porque se alimentan mutuamente. Cuando te reconoces en cómo te ves y te gusta lo que llevas, es más fácil sentirte segura y disfrutar del momento. Y cuando te sientes bien contigo misma, también te ves de otra manera.
Por eso creo que van de la mano. Más que elegir entre cómo quiero verme o cómo quiero sentirme, lo ideal sería encontrar un vestido que consiga conectar ambas cosas.
¿Crees que el vestido de novia debería representar quién eres habitualmente o puede ser una oportunidad para descubrir una versión diferente de ti misma?
Las dos cosas están bien. Lo importante es que la novia se guíe por lo que realmente le apetece.
Si tiene claro que ese día quiere sentirse cómoda y fiel a sí misma, no le recomendaría arriesgar. Pero si le apetece experimentar e ir un poco más allá de lo habitual, ¡adelante! Es una ocasión perfecta para hacerlo.
Al final, no hay una elección correcta. Lo importante es que nazca de su deseo y no de lo que se supone que debería llevar una novia.
Muchas mujeres empiezan a cambiar su alimentación, su cuerpo, su piel o incluso su forma de vestir meses antes de casarse. ¿Dónde está la frontera entre cuidarse y entrar en una dinámica de exigencia?
Para mí, la diferencia está en desde dónde lo hacemos: ¿desde el cuidado hacia una misma o desde la presión por cumplir con una determinada imagen?
Mejorar algunos hábitos o querer sentirnos especialmente guapas para nuestra boda no tiene nada de malo. El problema aparece cuando todo eso nace de la sensación de que necesitamos cambiar para gustar o estar a la altura de lo que los demás esperan.
Cuando el foco de nuestro bienestar está fuera, es fácil que el cuidado se convierta en exigencia. Por eso creo que la pregunta debería ser: «¿Lo hago porque me apetece y me hace bien o porque siento que tengo que hacerlo?».
¿Qué le dirías a una novia que mira constantemente otras bodas en Instagram y empieza a pensar que ella no está a la altura de ese ideal?
Le diría que inspirarse es maravilloso, pero que hay una gran diferencia entre inspirarse y compararse.
Cuando vemos otras bodas en Instagram podemos encontrar ideas que nos gustan y que nos ayudan a descubrir lo que queremos. Pero se puede convertir en algo nocivo si empezamos a utilizar esas imágenes como una medida para juzgarnos a nosotras mismas y sentimos que no estamos a la altura.
Ahí dejamos de inspirarnos y empezamos a compararnos. Y la comparación suele hacernos poner más el foco en lo que creemos que nos falta que en todo lo que tenemos.
Si tuvieras que resumir EstilosaMente en tres consejos para una novia que quiere sentirse más segura con su imagen el día de su boda, ¿cuáles serían?
El primero sería que, antes de pensar en el estilismo y en el look de belleza que vas a llevar el día de tu boda, pienses en cómo eres y qué te representa.
El segundo, que dediques un poco de tiempo a conocer tu silueta y descubrir qué diseños, tejidos o colores realzan tu cuerpo y tu rostro y te acompañan en tus movimientos.
Y, por último, que intentes fluir y disfrutar porque la naturalidad es nuestra mejor aliada siempre.
Y una última pregunta: ¿qué te gustaría que una mujer sintiera después de cerrar la última página de tu libro?
Que el libro le ha aportado algo, esa sería mi mayor satisfacción. Puede ser conocimiento, inspiración, entretenimiento, un momento de desconexión… lo que sea, pero que al cerrar la última página sienta que algo de lo que ha leído se queda con ella.
Y, sobre todo, me gustaría que se llevara una mirada un poco más amable hacia sí misma y más libertad para ser y mostrarse como realmente es.
Redactora experta en belleza
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