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Como en la mayoría de los hogares españoles, vengo de una familia en la que, por horarios laborales, no solemos coincidir mucho. Hecho que, por supuesto, ha cambiado por completo desde que empezó la cuarentena.

 

Vivo con mis padres y mi hermana en una casa más o menos grande por lo que, cuando todo estalló, todos respetábamos nuestro espacio y estábamos cada uno en el lugar en el que solíamos estar antes de que todo esto empezara. La verdad es que esto solo duró el primer día de cuarentena porque descubrí que el aburrimiento era total y eso me llevaba a una sensación de angustia muy poco agradable, como ya os podréis imaginar.

Cuarentena

Fotografía: Pinterest

Hogar, dulce hogar: mi primera semana de cuarentena

He de reconocer que la que mejor se adaptó a esta nueva situación fue mi hermana. De la noche a la mañana, convirtió mi casa en una videollamada gigante y, a cualquier hora del día, estaba hablando con 8 amigos a la vez. También he de reconocer que no podía entender todas esas ganas de hablar que tenía. Ah, y lo de hacer deporte. Todo el santo día haciendo deporte. Que si yoga, que si GAP, que si abdominales… Una tremenda locura teniendo en cuenta que hace dos años le regalamos unas zapatillas de ‘runner’ a las que creo que todavía no ha quitado ni el precio. Y no me puedo olvidar de la repostería. Jamás de los jamases ha cogido una sartén para hacer un huevo frito pero, como el resto de los mortales, descubrió que su pasión secreta era la repostería. El primer día nos iluminó a todos con un sutil arroz con leche sin leche. Una pasta tan dura que te dolía con solo mirarla. Menos mal que mi madre intervino y solventó el problema. En su defensa diré que hizo una tarta de galletas que le salió muy rica.

Cuarentena

Fotografía: Pinterest

En fin, su vida se convirtió en una auténtica verbena en medio de todo el aburrimiento que gobernaba la mía.

La verdad es que creo que tardé, aproximadamente, 12 horas en imitar lo que ella hacía (y menos mal). Mantener conversaciones normales con mi novio o con mis amigos me parecía un mundo porque, ‘¿Qué te voy a contar? Pues aquí estoy, en mi casa, un fabuloso día más’. Luego descubres de cuántas cosas puedes hablar. Y más tarde, rematas la tarea descargándote el Houseparty, una de las mejores aplicaciones que ha hecho el ser humano que me ha permitido tomarme unas cervezas virtuales con mi prima. Pues mira igual, igual que si estuviéramos en nuestro bar de confianza, no es. Pero os aseguro que las conversaciones son las mismas. Y la app del Parchís, que ya ha ocasionado más enfados con mi novio que la falta de vernos por la cuarentena. Ah, y los aplausos. El momento más esperado del día en el que los 4 salimos a la terraza con unas linternas que bien podrían ser los focos del Santiago Bernabéu y aplaudimos como si no hubiera un mañana. Por los sanitarios, por los policías y por todas esas maravillosas personas que, un día más, han respetado a todos y se han quedado en sus casas.

En cuanto al deporte, pues la verdad es que yo no me levanto a las 8 de la mañana para seguir el directo que hacen en Instagram de crossfit. En cambio, Patri Jordan se ha convertido en una gran protagonista de mis días a la que quiero y odio a partes iguales. ¿Cómo puede sonreír tanto si parece que yo estoy recordando que Jack Dawson sí entraba en la tabla? Eso sí, no he conocido a nadie que te motive tanto como ella.

 

Y, para terminar de copiar la alegre vida de mi hermana, hice unas torrijas. La única e inescrutable verdad es que soy una completa negada para la cocina. De hecho, hice unas torrijas que pesan 5 kilos cada una (kilo arriba, kilo abajo) pero nadie en esta casa podrá decir que están malas.

Todo ello sumado a que, a veces, me vuelvo una persona de lo más radical y si me dicen cuarentena, yo hago la mayor cuarentena del mundo. 6 días sin que ni una leve brisa me rozara la cara hasta que el, día 8, bajé a por el pan. Por cierto, tardé 6 minutos en comprarlo porque, como bien sabéis, no hay que ir a darse un paseíto.

Pues así se cumplía mi primera semana de confinamiento hasta que ayer anunciaron que se va a alargar 15 días más. Vaya por Dios. No creo que nadie pueda decir que esto le haya pillado por sorpresa pero, que te anuncien que debes permanecer otros 15 días en casa cuando ni siquiera ha pasado la primera cuarentena, pues la verdad es que no anima mucho. Pero, si algo hemos aprendido esta primera semana es que, puedes poner la mayor cara de ‘seta’ que quieras, que no vas a salir a la calle. Así que, viviré en modo zen un día más.

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